El caimán

El caimánConviene que los interesados en alquilar El caimán conozcan algo de la política italiana actual (o al menos sepan quién es Silvio Berlusconi) y que estén familiarizado con el cine de Nanni Moretti, en general verborrágico e irónico, siempre «tanísimo». De lo contrario, la película corre riesgos de provocar indiferencia o saturación.

A grosso modo, Moretti trabaja con dos niveles narrativos. En el primero, asistimos a las desventuras de Bruno Bonomo, productor cinematográfico venido a menos y ahora embarcado en la concreción de un film escrito y dirigido por una novata. En el segundo, nos asomamos al contenido de dicho film: una recreación de las actividades empresarias, mediáticas, dirigenciales del mencionado Berlusconi.

La combinación entre ambos planos permite que el realizador vaya más allá del alegato contra una figura pública tan influyente como controvertida (una mezcla de nuestro ex zar mediático Alejandro Romay y nuestro ex Presidente Carlos Menem), y presente un retrato social, idiosincrático. De ahí la apariencia de gran mural que por momentos adquiere el largometraje: un mural que muestra a la Italia insertada en la Unión Europea, a la Italia con reminiscencias fascistas, a la Italia cuyas variadas contradicciones se parecen a las que padecemos -y nunca resolvemos- sus hijos dilectos.

Por otra parte, El caimán también tiene un indisimulado costado autorreferencial. De hecho, Moretti es cineasta, y muestra las dificultades de hacer cine en su país (hasta se permite actuar como personaje secundarísimo). Moretti tiene un pensamiento de izquierda, y parte de ciertas convicciones ideológicas para criticar a Berlusconi, a la política neoliberal y a sus seguidores. Moretti es hombre y alude a ciertas taras machistas presentes en la mayoría de sus compatriotas varones.

Por momentos, da la sensación de que esta propuesta responde básicamente a la necesidad del realizador de expresar su contrariedad, su vergüenza, su desesperación como ciudadano. De ahí que, por momentos, el film resulte apresurado, improvisado, desprolijo, con un desarrollo que no termina de enganchar y un cierre que no termina de cerrar.

Aún así, El caimán tiene su encanto. Sabrán encontrarlo los interesados en la política italiana actual, los seguidores del inconfundible Moretti, y por supuesto quienes desconfían del magnate Berlusconi.