Malena

MalenaEs probable que Malena encante tanto a los admiradores de Giuseppe Tornatore -sobre todo a quienes disfrutaron de Cinema Paradiso– como a los enamorados de Mónica Bellucci. Por un lado, el director italiano vuelve a proponernos una conmovedora recreación de la infancia/pubertad de otros tiempos (en este caso la historia de Luciano Vincenzoni está ambientada en plena Segunda Guerra Mundial). Por el otro, la actriz nacida en Perugia no sólo exhibe su indiscutible belleza sino que compone un personaje enternecedor.

La elección del verbo «encantar» no es caprichosa. Al contrario, busca transmitir los efectos de un hechizo cinematográfico capaz de trasladarnos a un espacio y a un tiempo que nos son ajenos (la Italia de los años ’40), y de recordarnos los sentimientos, percepciones, experiencias propios de la adolescencia. 

Otra vez, el relato en primera persona del singular permite que los espectadores compartamos la mirada del protagonista, en este caso Renato (excelente, la actuación del debutante Giuseppe Sulfaro). Así, nosotros también sentimos la pasión por momentos febril, por momentos piadosa que la esposa de un soldado enviado al frente despierta en el protagonista.

El guión y la cámara de Tornatore aprovechan este relato de iniciación sexual y amorosa para mostrar las secuelas sociales de la guerra. Entre ellas, la deserción masculina que afecta a pueblos y ciudades, la tensión de familiares que esperan el regreso de «sus» combatientes, la desprotección de las mujeres cuyos maridos parten al frente dejándolas a merced del qué dirán, el ejercicio de la prostitución como último -a veces único- medio de subsistencia.

Este trabajo muestra además a una Italia machista, pacata, hipócrita, envidiosa. El refrán «pueblo chico; infierno grande» le sienta a la perfección. 

Malena es sinónimo de belleza. Belleza a nivel narrativo, actoral, y audiovisual. Pocos argentinos tuvieron oportunidad de verla en el Festival de Mar del Plata de 2001. Siete años después, el resto podemos darnos el gusto de apreciarla gracias a las bondades del video o DVD.