NO TE BANCO

No te bancoHace un tiempo, el Banco de la Ciudad de Buenos Aires lanzó una campaña publicitaria cuyo slogan era «yo te banco». El lema se apropiaba de la expresión que los argentinos utilizamos para expresar nuestro apoyo, nuestra solidaridad, nuestra incondicionalidad (cuando decimos «te banco a muerte»). De esta manera, los creativos parecían querer contrarrestar el abandono, la desprotección, la estafa que muchos ciudadanos padecimos a fines de 2001, cuando la caída de la convertibilidad expulsó al entonces Presidente de la Nación, Fernando de la Rúa, y condenó a la ciudadanía a las limitaciones del llamado «corralito«.

Pasaron escasos seis años desde aquella debacle financiera, política, institucional y sin embargo hoy en día los bancos -especialmente los privados- tienen la caradurez de acosarnos telefónicamente, o cuando realizamos algún trámite por ventanilla, para promocionar sus productos. En estos casos, debemos soportar no sólo la insistencia con la que los telemarketers nos contactan, sino el discurso con el que pretenden convencernos.

Según este discurso, los bancos quieren ayudarnos a concretar, a crecer, a mejorar. En pocas palabras, nuestro bienestar -por no decir «felicidad»- depende de la tarjeta de crédito y del préstamo que ¡vaya maravilla! ya se encuentran a nuestra disposición, cuando no a nuestro nombre.

Por si no quedó claro, subrayo lo siguiente: las mismas entidades que seis años atrás secuestraron el dinero de los ahorristas ahora los (nos) persiguen para venderse como sponsors de nuestro poder adquisitivo, de nuestra libertad de consumo, de nuestros proyectos, de nuestras inversiones, en definitiva, de nuestra prosperidad.

Por cuestiones estrictamente laborales, soy clienta cautiva del Banco Francés. Esto hace que dicha corporación no sólo disponga de mi cuenta sino de mis datos personales. Esto hace que sus promotores se sientan con total libertad de llamarme a mi hogar, a mi celular, a mi lugar de trabajo, incluso a la casa de mis padres para someterme a un mismo monólogo elucubrado para acercarme grandes limosnas dignas de la desconfianza de todo el santoral.

El Banco Francés es el mismo banco que -leí la semana pasada en Página/12– contacta a sus clientes mujeres para ofrecerles un Plan de Salud Femenino, eufemismo con el que otros creativos bautizaron a un seguro exclusivo para quienes padecen cáncer de útero, ovario o mama. A él le debo la ocurrencia de invertir el viejo slogan de su par público, y de escribir -con mayúsculas (para que se lea bien), en un sentido eufemístico (para evitar la violencia verbal), con una intención absolutamente generalizadora (porque el mensaje va para todo el sector)- un categórico «NO TE BANCO» *.

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* Breve explicación para los internautas oriundos de otros países hispanoparlantes: en Argentina la expresión «no te banco» equivale a decir «no te soporto», «no te tolero», «no te aguanto». De ahí que, dadas las acusaciones vertidas en este post, se convierta en simple eufemismo.