Capadocia

CapadociaDespués de un mes de insistente promoción, antenoche HBO emitió el primer capítulo de Capadocia, miniserie que pretende mostrar los entretelones de una cárcel de mujeres ubicada en la ciudad de México. La co-producción mexicano-estadounidense camina por una cornisa peligrosa, es decir, corre el riesgo de caer en cierto abismo amarillista, exhibicionista, morboso. El tiempo dirá quién gana: si el equilibrio sensato o el vértigo sensacionalista.

A todas luces, la propuesta tiene la intención de articular el desarrollo de historias de vida con el retrato de un contexto sociopolítico típico de nuestra Latinoamérica. Me refiero al estado de corrupción generalizado que se filtra en nuestras instituciones en general y en las prisiones en particular. Me refiero también al ímpetu privatizador que caracteriza a ciertos sectores corporativos más interesados en ampliar sus márgenes de ganancias que en mejorar el servicio que les compete.

En este sentido, el guión escrito por Leticia López, Carmen Madrid, Silvia Pasternac, Guillermo Ríos y Laura Sosa combina -por ahora de manera prometedora- los elementos de ficción y los de la realidad. Por supuesto, Capadocia se apoya en un esquema narrativo tradicional que supone, por ejemplo, el protagonismo acordado a un héroe (en este caso una heroína encarnada en la Lic. Teresa Lagos, luchadora por los derechos humanos) y a un villano (el inescrupuloso Federico), y el enfrentamiento entre el bando de los buenos y de los malos (que, nobleza obliga, no busca demonizar a todas las convictas). Pero también juega con situaciones inspiradas en negociados, lobbies, motines, actos delicitivos registrados por los medios de comunicación.

Además del tema tratado, el otro gran anzuelo de esta propuesta es el esfuerzo de producción que permitió construir una prisión subterránea especialmente diseñada para la filmación de la miniserie. La apuesta de HBO no se limita a este impresionante escenográfico, sino que se extiende a la disponibilidad de armas, vehículos, helicópteros y diversas locaciones asociadas a las esferas gubernamental, carcelaria, policíaca involucradas en este ejercicio recreador.

Los reparos aparecen en otro orden de cosas. Quizás el desacierto más flagrante sea el sonido (por momentos la música tapa lo que dicen los actores; por momentos, los micrófonos parecen fallar aún en los diálogos más íntimos). Una segunda observación remite a ese riesgo de exposición morbosa que aparece en ciertas escenas sexuales y violentas innecesariamente explícitas.

Al margen de posibles desatinos, lo cierto es que Capadocia promete. Será cuestión de seguirla de cerca, ahora los jueves a las 22hs, y de ver cómo y cuánto tiempo se permite desfilar por la cornisa de la televisión premium.