Petróleo sangriento

Petróleo sangrientoAunque concentrada en la historia del self-made man Daniel Plainview, y en cierto duelo que el protagonista mantiene con el pastor Eli Sunday, Petróleo sangriento va más allá de la novela de perfil biográfico para proponer un retrato de los Estados Unidos de fines del siglo XIX/principios del siglo XX. Por momentos, esta otra crónica sobre el nacimiento de una nación parece evocar obras del buen cine norteamericano como El ciudadano de Orson Welles y Gigante de George Stevens. Sin embargo, la eventual influencia de estos pesos pesados no impide que el trabajo de Paul Thomas Anderson tenga personalidad y mérito propios. 

There will be blood es el título original de esta adaptación del libro de Upton Sinclair. La frase anticipa no sólo la violencia y las muertes ocurridas en el contexto de las primeras explotaciones petrolíferas en el gran país del Norte. Como extraída de la Biblia, también alude al papel que la religión cumple en una sociedad puritana y fundamentalista.

Anderson abandona totalmente las raíces literarias de su proyecto, y hace verdadero cine. Los primeros diez minutos del film son un ejemplo de cómo presentar a un personaje -en este caso el protagonista- sin hacerle decir una sola palabra. Más adelante los espectadores encontramos otros pasajes donde las imágenes y la banda sonora bastan para sugerir, mostrar, narrar.

Lejos de la sensación de excesiva duración que algunos tuvimos cuando vimos Magnolia del mismo director, Petróleo sangriento maneja muy bien sus tiempos. Cabe destacar esta virtud ya que se trata de una historia que empieza en 1890′ y termina unos cuarenta años después.

Las actuaciones conforman otro gran pilar de esta película. A cargo del mencionado Plainview, Daniel Day-Lewis confirma su capacidad para encarnar cualquier papel: miembro del IRA, aristócrata neoyorkino, boxeador, entre otros (quienes lo acusan de sobreactuar deberían leer la sólida argumentación publicada por Damián de Haedo en Ojo al parche). El otro duelista, el también mencionado Sunday, es responsabilidad de Paul Dano, que no tiene absolutamente nada que envidiarle a su colega inglés ganador del Oscar.

Un último motivo que sustenta esta recomendación: la reconstrucción de época. También coordinado por Anderson, el equipo de producción de este film recrea al detalle las condiciones de trabajo de quienes realizaron las primeras exploraciones y excavaciones en los Estados Unidos pujantes. 

En síntesis, Petróleo sangriento vale no sólo por sus virtudes cinematográficas, sino como aproximación histórica, casi sociológica. Por eso resulta sumamente recomendable para los espectadores interesados en descubrir/repasar los inicios de la primera potencia mundial que, aún en nuestros días, sigue asociando el negocio del llamado «oro negro» a la violencia y a la muerte.