Sweeney Todd: el barbero demoníaco de la calle Fleet

Sweeney ToddLos fanáticos de Tim Burton pueden estar orgullosos de su director fetiche, y de la dupla que conforma con su alter ego, Johnny Depp. Por lo pronto, la ultra promocionada Sweeney Todd: el barbero demoníaco de la calle Fleet demuestra que cineasta y actor saben animársele a todo tipo de propuesta, incluso a un musical sui generis cuya interpretación funesta del destino le permite destacarse por sobre otros exponentes pertenecientes al mismo género.

A esta altura del partido, cabe preguntarse si no ha llegado la hora de aplicar la expresión «cine de autor» a las películas de Burton. De hecho, cualquier espectador que haya visto los títulos principales del realizador norteamericano (pienso en Beetle juice, en El joven manos de tijera, en Batman y Batman vuelve, en La leyenda del jinete sin cabeza, en Charlie y la fábrica de chocolate, en El cadáver de la novia) está en condiciones de reconocer la predilección por las historias oscuras -a veces macabras-, por los protagonistas alejados del héroe convencional, por una estética sombría, gótica, mortuoria, por cierto humor negro con sabor a crítica social.

Los mencionados cuatro elementos figuran de manera inconfundible en esta última gran producción que, además, ofrece sorpresas interesantes. La primera: la capacidad vocal de Depp y de sus acompañantes (quien hubiera imaginado que Helena Bonham Carter, Alan Rickman y Timothy Spall también saben cantar). La segunda: la acertada participación de Sacha Baron Cohen, totalmente liberado de Borat (por momentos, su Adolfo Pirelli parece un anticipo del Freddie Mercury que el actor encarnará en una próxima biopic). La tercera: la decisión de respetar un final poco feliz.

Sin dudas, Sweeney Todd les rinde tributo a las leyendas negras ambientadas en el Londres decimonónico, a esos asesinos seriales que ganaron fama internacional. De hecho, el barbero Benjamin Barker se encuentra en las antípodas del colega sevillano imaginado por Beaumarchais; pero su prontuario lo acerca a Jack el destripador o a Mr. Hyde.

Sin embargo, probablemente a tono con la obra de teatro original escrita por Christopher Bond, la aproximación de Burton y Depp es irreductible a cuestiones de morbo y amarillismo. En cambio, la esencia de la propuesta es romántica y sentimental; de ahí que el público sienta empatía por personajes en principio tan temibles como Todd y su cómplice, Mrs. Lovett.

Éste es un quinto elemento distintivo del cine burtoniano. Me refiero a la caracterización del amor como fondo de las historias más trágicas, más tétricas, a veces condenadas al fracaso más desolador. En este sentido, Sweeney Todd: el barbero demoníaco de la calle Fleet también cumple con las expectativas de todos, no sólo con las de los fanáticos orgullosos.