Un país en serio

«Argentina, un país en serio» es el lema que acompañó a la gestión del ex Presidente Néstor Kirchner, y que sigue manteniéndose vigente después del recambio gubernamental. Enseguida el slogan se convirtió en pretexto para retruques irónicos sobre el verdadero perfil de una nación cuyos dirigentes políticos, empresariales, gremiales, militares se caracterizan por faltar a principios inherentes al concepto de seriedad. Por ejemplo, la honestidad, la responsablidad, el profesionalismo, la eficiencia.

Los porteños no necesitamos abandonar la ciudad de Buenos Aires para constatar las consecuencias de un Estado incapaz de velar por el bienestar de sus ciudadanos. Probablemente porque esta incompetencia perjudica incluso a la región más favorecida de la Argentina, y quizás también porque los capitalinos rara vez nos apartamos de nuestra conducta ombliguista, lo que sucede en el interior del país suele ocupar un segundo, tercero, cuarto, quinto plano. Salvo contadas excepciones, por supuesto. 

Ésta no es la primera vez que Espectadores pretende mostrar algo de ese «país que no miramos», tal como rezaba aquel micro televisivo de los años ’80. Tampoco es la primera vez que el foco de este blog se concentra en una de las provincias más afectadas por la indiferencia de nuestra clase dirigente y de muchos compatriotas. De ahí que las imágenes publicadas a continuación suenen a más de lo mismo para quienes ya vieron estas fotos, o ésta, o ésta.

Fotos tomadas el sábado 16 de febrero en las afueras de Resistencia, Chaco 

Estas postales fueron tomadas en las afueras de Resistencia, capital del Chaco, y son las más representativas de una serie fotográfica más extensa pero igualmente reveladora del mismo paisaje de pobreza, abandono, desolación.  

Estimados amigos de Espectadores, como en otras ocasiones estoy de vuelta, aunque sólo en parte. Esta vez, el alma que tarda en regresar sigue frecuentando los barrios, las calles, las casas de las personas marginadas, condenadas a sobrevivir en un país cuyos administradores de turno insisten en abofetearnos con su pretendida -a todas luces falsa- seriedad.