El amor globalizado

El amor globalizado o el globo enamoradoA priori, los festejos de San Valentín me provocan la misma reflexión que la celebración de Halloween. De hecho, considero que la adaptación local de ambas tradiciones foráneas es ante todo una consecuencia cultural de la globalización. Sin embargo, a la hora de los bifes (léase «a la hora de vivir en sociedad» y «a la hora de redactar un post») disparar contra la noche de brujas resulta menos antipático -menos reprobable- que despotricar contra el día consagrado a los enamorados.

El amor pertenece a ese grupo de grandes palabras/conceptos con los que uno nunca puede estar en desacuerdo. Los políticos lo saben muy bien; de ahí que sus discursos siempre hablen de Democracia, de Libertad, de Soberanía, de Dignidad, de Salud, de Educación, de Justicia… también de Amor (en este caso, amor a la patria, al país, al pueblo), nociones todas que caen bien paradas, les toque el contexto (co-texto) que les toque.

A veces al amor se lo asocia con sensaciones y/o sentimientos negativos. De hecho, ¿cuántas veces habremos leído o escuchado sobre ese único paso que basta para instalarlo en el terreno de lo ridículo, de la frustración, del dolor, de la pena, de la negación, del odio, del desamor? Aún así, la figura de Cupido prevalece; sigue siendo protagónica e insoslayable.

El amor es tan contundente, y sin embargo tan inasible. Lo reconocemos, pero nos cuesta describirlo; por eso la mayoría de los mortales preferimos expresarlo con versos que supieron escribir los verdaderos talentos. Algunos valientes se atreven a redactar -los más osados a enviar- los suyos propios.

Sexo, amor. Amor, sexo. Relación compleja si las hay. Amor sin sexo. Sexo sin amor. Amor con sexo. Sexo con amor. Las alternativas giran; nos marean; nos confunden; nos liberan; nos arrinconan; nos condenan; nos salvan.

El amor y sus tiempos, que no es lo mismo que el amor y sus ritmos, el amor y sus plazos, o el amor y su duración. Se trata de situar el amor en nuestro frizo histórico personal. Los espíritus nostálgicos lo ubican en el pasado; los esperanzados en el futuro; los afortunados en el presente.

A propósito de cronologías, al amor deberíamos homenajearlo a diario. Curiosamente solemos dedicarle pensamientos recurrentes después de haberlo perdido. Cuando lo tenemos, en cambio, lo festejamos en circunstancias específicas: para los aniversarios, en los momentos difíciles y ahora, cada 14 de febrero, por obra y gracia de la globalización.

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PD. La imagen que ilustra este post reproduce un mapamundi que Ornoce Finé concibió a principios del siglo XVI. Es como si el cartógrafo y matemático francés se hubiera adelantado al fenómeno de un amor globalizado o de un globo terráqueo enamorado, incluso con forma de corazón.