Obsesión

Obsession se llama el perfume que Calvin Klein lanzó al mercado internacional hace algún tiempo. Aunque menos glamorosa que otras marcas del rubro, ésta es la que mejor describe la relación que la mayoría de los mortales establecemos entre los palíndromos aroma y amor.
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Cine aromáticoEl perfume del ser amado cala hasta los huesos. Funciona como primer indicador de proximidad, de presencia, de existencia, de pertenencia. Es la impronta última que atesoramos, así enfrentemos una separación momentánea o definitiva. Díficilmente exista otra experiencia que ilustre de una manera tan clara la doble acepción de la palabra «esencia»: esencia como constituiva del ser, y esencia como equivalente de olor y sabor.

Al igual que la literatura, el séptimo arte también se refiere a la capacidad evocativa de los sentidos gustativo y olfativo. Uno de los ejemplos más recientes es la adaptación cinematográfica que Tom Tykwer hizo de El perfume, novela escrita por el alemán Patrick Süskind.

En este best seller trasladado a la pantalla grande, el protagonista busca apropiarse -y luego recrear- el aroma de la mujer que lo ha conquistado sin proponérselo. Aquí la relación entre amor y olor es patológica, a tal punto que Jean-Baptiste Grenouille se convierte en «nariz» (así se les dice a los maestros perfumeros) y en asesino serial.

La obsesión olfativa no es propiedad exclusiva de los borders; los neuróticos también la padecemos. Así lo sugiere aquella escena de Alguien como tú, cuando Jane Goodale/Ashley Judd va al médico para solicitarle la extirpación del nervio o conducto que hace que la percepción de ciertas fragancias le dispare el reflejo automático de recordar -y extrañar- a su ex.

Años después, Joel Barish/Jim Carrey le pide algo similar al Dr. Howard Mierzwiak/Tom Wilkinson en Eterno resplandor de una mente sin recuerdos. En esta ocasión, el médico se cree capaz de borrar todo vestigio del pasado, incluídas las asociaciones olfativas, pero lo que debería ser una solución definitiva termina provocando un drama circular.

Quien en cambio jamás querría deshacerse de su sentido del olfato es el capitán Fausto Consolo o Frank Slade según hablemos de la versión original o la remake de Perfume de mujer. De hecho, el militar ciego interpretado primero por Vittorio Gassman y luego por Al Pacino se enamora de señoras y/o señoritas en función de cómo huelen.

En la recién estrenada Mi novia Emma, Luis Costa/Alain Chabat también se desempeña como nariz (para nada como asesino serial). Sin embargo, la deformación profesional no es lo que lo lleva a «aspirar» el pañuelo que su novia de la juventud dejó después de abandonarlo, o a sumergirse en las sábanas de la cama que compartieron por última vez. No.

El verdadero agente de semejante conducta es esa relación entre amor y aroma que la mayoría de los morales repetimos bajo la influencia de Cupido, y que a veces confundimos con cierta -ahora enfrascada- obsesión.