Little Britain

Little Britain, adquisición de I-SatHace algunos meses, el canal I-sat incorporó en su grilla Little Britain, programa humorístico inglés primero concebido para radio y luego adaptado para televisión. La llegada a nuestra pantalla chica local se dio con bastante retraso; de hecho, en su país de origen la creación de Matt Lucas, David Walliams y Andy Riley nació siete años atrás.

Cuidado. La propuesta de la BBC corre el riesgo de decepcionar -hasta desagradar- a quienes consideran que el sentido del humor british siempre es sutil, elegante, apto para todo público. Conviene entonces advertir lo antes posible que los sketchs protagonizados por los mismos guionistas radiales/televisivos distan de parecerse a las escenas de Cuatro bodas y un funeral o Un lugar llamado Notting Hill.

Al contrario, Little Britain prescinde alegremente de la corrección política que distingue a las comedias y series inglesas for export. Por eso, sus gags parten de ideas provocadoras, urticantes, incluso para algunos ofensivas. Pienso por ejemplo en el gordo calvo que se hace pasar por paralítico para sacarle ventaja a medio mundo, o en el asesor homosexual -y lascivo- que acosa al Primer Ministro de «Great Britain», valga la ironía.

Probablemente, Lucas, Walliams y Riley se inspiraron en los guiños más osados de Benny Hill y de Rowan Atkinson para elaborar su propio material. De hecho, el primero ya se había atrevido a jugar con personajes supuestamente postrados en sillas de ruedas, y al segundo siempre le gustó bromear con el tema de las secreciones (moco y cerumen, en especial).

Little Britain exacerba a la enésima potencia cuestiones escatológicas, sexuales, patológicas, mórbidas, en definitiva, todo lo que molesta a los defensores de la moral y las buenas costumbres. Dicho esto, el programa importado por I.sat sigue teniendo ese toque british que muchos asociamos a una sensación de verdadera libertad de expresión inexistente en otras propuestas supuestamente transgresoras.

Me refiero a la posibilidad de evitar las concesiones, a la determinación de patear el tablero caiga quien caiga (así sea la figura del Primer Ministro), a la decisión de burlarse de todo sin miramientos de ningún tipo. Sin dudas, gusten o no, éstos son tres lujos que pocos pueden ostentar y otros tanto, disfrutar.