Aquel ventilador

Que conste. Este post no es una reacción tardía a las sofocantes temperaturas que los porteños padecimos a principio de año. Tampoco es una proclama relacionada con el avance de los acondicionadores de aire. Créase o no, éste es simplemente otro homenaje electrodoméstico.    
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Casi-casi como el ventilador del abuelo«Los rolitos y el ventilador causan más muertes que la guerra». La frase suena a título pseudo-científico, de ésos que los diarios publican en sus versiones online cuando las noticias escasean. En realidad, es apenas un dicho familiar pergeñado y repetido hasta el hartazgo por mi abuelo paterno, carpintero italiano radicado en el noreste argentino, enemigo a ultranza de cualquier invento con pretensiones de combatir el calor estival.

Difícil tarea, la de rebelarse contra tamaña verdad revelada, legada e inevitablemente incorporada. Lo de los rolitos no me preocupa demasiado (en definitiva, basta con esperar que se derritan para evitar el riesgo mortal). En cambio, cuesta confiar en aquel ventilador de pie, aparato pesado, cableado, a hélice, y encima programado.

Programado para agitar sus aspas en velocidad 1, 2, 3, 4. Programado para girar a la derecha, después a la izquierda. Después, un rato, quieto, centrado, concentrado, expectante. Después, de nuevo, derecha-izquierda, izquierda-derecha, centro, atento. Como un radar vigía.

Aquel ventilador apuesta a su influencia soporífera. Él, alerta, automático, infalible. Nosotros, pobres humanos, entregadas al bsssssssssss de una brisa prolija y artificial (artificial pero brisa al fin) que corretea entre las cortinas, entre la ropa, entre las sábanas, entre los pensamientos.

Antes de que el sueño me venza, recuerdo la frase del viejo carpinero italiano e inmediatamente imagino las siguientes escenas criminales: 1.- el autómata escupe una hélice y nos decapita; 2.- el autómata deja caer su férrea estructura sobre nuestra anatomía y nos aplasta; 3.- el autómata se las ingenia para provocar un cortocircuito y, o bien nos electrocuta, o bien nos incinera.

Seguro, abuelo. Esta noche, de una u otra manera, el ventilador nos mata.