El destino no tiene favoritos

El destino no tiene favoritosA las telenovelas se les ha tomado el pelo hasta el hartazgo, casualmente desde la misma TV. Aquí en Argentina, cómicos como Antonio Gasalla, Juana Molina, el trío Casero-Capusoto-Alberti y los Midachi se encargaron de ridiculizar todo el repertorio: desde las producciones autóctonas «a lo Migré» hasta las soap operas norteamericanas al estilo Dinastía, pasando por las propuestas provenientes de México, Venezuela y Brasil. ¿Por qué alquilar entonces El destino no tiene favoritos, película peruana cuyo solo título sugiere la intención de una nueva parodia? 

El guión escrito y dirigido por Álvaro Velarde es la razón principal por la cual vale la pena reincidir. De hecho, su aproximación humorística al vapuleado género televisivo se desarrolla de manera original, en dos niveles narrativos distintos aunque entrecruzados. Para explicarlo, es necesario revelar ciertos detalles argumentales del film; a saber…

Asistida por dos mucamas, Ana vive en una casa de lujo, aburrida, casi sin ver a su esposo adicto al trabajo. El tedio desaparece cuando al marido se le ocurre alquilarle las instalaciones de la mansión a un canal de TV en tren de filmar su nuevo culebrón. A partir de entonces, la vida de Ana cambia radicalmente, no sólo porque asiste al backstage del rodaje sino porque termina encarnando a la malvada de turno, papel que le sienta muy bien.

Lo gracioso de esta propuesta es que las taras de la telenovela exceden su propio ámbito. En otras palabras, los parlamentos, las gesticulaciones, los intríngulis se trasladan más allá de lo que las cámaras de la emisora filman como folletín. De esta manera, Velarde no sólo recrea las condiciones de producción del género simulándolas en un entorno acorde, sino aplicándolas a la vida cotidiana, o por lo pronto, a la vida de Ana.

Por otra parte, lo que sucede detrás de cámaras también influye en la evolución de la historia pergeñada y elaborada para la pantalla chica. Así, la realidad también interfiere en la ficción.

Esta estructura de relatos encastrados hace que las posibilidades de juego sean mayores en comparación con una parodia simple. Si a esto le agregamos la participación de actores que han frecuentado el medio (los televidentes argentinos podemos reconocer a la colombiana Angie Cepeda), entonces el juego de roles se vuelve aún más interesante.

Estrenada en su país de origen en 2003, El destino no tiene favoritos nunca llegó al circuito comercial de las salas porteñas. Hoy, cinco años después, las ventajas de distribución vía DVD nos permiten descubrir una comedia ocurrente, entretenida, que si bien parodia al género «telenovelero» también se permite rendirle un simpático -y recomendable- homenaje.