Traslasierra

TraslasierraLeer Traslasierra a principio de 2008 tiene su gran pro y su gran contra. El gran pro: la sensación de empezar el año literario con el pie derecho y saltando en una pata. La gran contra: la sospecha de que en los próximos doce meses costará encontrar nuevos libros capaces de provocar tanto entusiasmo. Sin dudas, correr el riesgo vale la pena.

La flamante novela corta, o cuento largo, de Andrés Rivera ocupa 83 páginas. Se trata de una joyita que todo aspirante a periodista y/o escritor debería leer, al menos como modelo de texto cuya economía de palabras no le impide ser rico a nivel lingüístico, literario e histórico. 

En éste, su último trabajo, el autor argentino no sólo cuenta la particular relación entre un ex general de las huestes hitlerianas refugiado en nuestra patagonia andina y su joven hija radicada en una localidad cordobesa. También elabora un agudo retrato de la alta burguesía argentina, a partir de un interesante paralelismo entre las memorias/veleidades de un jerarca nazi y la realidad prepotente de nuestra trágica década del ’70.

En Traslasierra todo es sabroso: desde el diálogo más parco hasta la composición de cuadro más rudimentaria. No hay palabra, parlamento, reflexión que resulten innecesarios, insignificantes o redundantes. Al contrario, las piezas del rompecabezas que uno va armando a medida que avanza el relato, encajan perfectamente, por peso propio.

De esta manera, Rivera se consolida -probablemente sin proponérselo- como uno de nuestros mejores escritores contemporáneos. Su prosa precisa, contundente, inconfundible y su habilidad para combinar la ficción con el ensayo sociológico y político así lo demuestran.