Fe de erratas

El mes pasado, Andrés Fevrier inauguró en su blog Cinematófilos una nueva sección -o mejor dicho «etiqueta«- destinada a salvar los errores, omisiones y falencias que de vez en cuando se cuelan en sus posts siempre bien documentados. Publicar una fe de erratas -aunque sea una sola- es una práctica saludable no sólo porque permite enmendar metidas de pata propias, sino porque desmitifica la leyenda del cronista/comentarista/crítico/redactor infalible. Poco habitual en la blogósfera, tal vez haya que tomarse el trabajo de difundirla… empezando por ejercerla «en casa».

Echémosle la culpa al cansancio de fin de año; lo cierto es que en cuestión de semanas cometí errores groseros Mea culpa de erroresde todo tipo. A saber…

… El 7 de enero, en el post titulado And the winner is…, ¡escribí «persecusión» con «s»! ¡Sí, con «s»! Siempre tengo problemas con la ortografía de esta palabra; en general corrijo el error antes de publicar el post afectado. El lunes pasado lo hice horas después de publicado.

… El 3 de enero, en la reseña sobre Hairspray, confundí el nombre de la actriz protagónica (Nikki Blonski) con el nombre de una actriz secundaria (Amanda Bynes). De no ser por el aviso de J.M.Bouthemy, sospecho que habría tardado un tiempito en notar el «desliz». 

… El 20 de diciembre, en la reseña sobre Café Lumière, confundí el nombre del director (Hou Hsiao-hsien) con el título original de la película (Kôhî Jikô). Esta vez le tocó a Rinconete rescatarme del bochorno.

… El 5 de diciembre, en el otro llamado a la solidaridad, se me escapó la «h» de «hacinamiento». El muy caballeroso Adenoz me envió un discreto correo electrónico encargado de señalar el aberrante fallido.

Mucho más atrás en el tiempo…
… El 14 de junio de 2006 no sólo mutilé un poema de Borges, sino que le cambié el título. De este error me di cuenta solita-solita (algo es algo), y lo corregí debidamente en un comment bastante acongojado.

También aprovecho este espacio para una última observación, que técnicamente no corresponde a una fe de erratas pero que sí pretende rectificar el contenido de dos reseñas cinematográficas. Es que, después de haberlas visto de nuevo un año y pico más tarde, debo admitir que en realidad Amigos con dinero no causa tanta indiferencia, mucho menos bostezos, y que Pequeña Miss Sunshine es menos fresca y original de lo que en principio me pareció.

Siempre lo dije: me equivoco; luego existo.