Ralph, el santo

Ralph, el santoDentro de la programación pretendidamente navideña que la televisión local ofrece durante este fin de año, Ralph, el santo es sin dudas la propuesta más rescatable. Acorde con el espíritu de las Fiestas, esta película canadiense filmada en 2004 y nunca estrenada en Argentina gira en torno a un adolescente convencido de que, si logra ganar una importante maratón regional, su madre saldrá de un estado comatoso en principio irreversible.

Escrita y dirigida por Michael McGowan, la historia cumple con todas las características de un cuento de hadas o, si elegimos una perspectiva más creyente, de una fábula religiosa. De hecho, para enfrentar el desafío en este caso autoimpuesto, el protagonista emprende una suerte de vía crucis o una carrera de obstáculos, «escoltado» por los ayudantes y adversarios de rigor.

Por momentos, las dificultades y complicaciones emergentes pueden parecer un tanto exageradas (el ejemplo más flagrante es el episodio del incendio). De la misma manera, la decisión de subrayar las cualidades de fe, voluntad, tezón, coraje también corre el riesgo de resultar excesiva.

Probablemente lo mejor de este film sea la actuación de Adam Butcher, responsable de encarnar a un Ralph Walker (apellido nada casual para un personaje aspirante a corredor) absolutamente enternecedor y la intervención de Jennifer Tilly a cargo de un papel diferente de los que suelen tocarle en suerte (debido a su voz chillona, en general hace de tonta mala o de tonta a secas). También cabe destacar la participación de Campbell Scott, actor poco valorado por Hollywood y cuyo trabajo, sin embargo, siempre convence.

Por lo demás, el largometraje es simplemente pasatista, recomendable para televidentes con ganas de asistir a un milagro con final feliz. Quienes compartan el interés, deténganse en la grilla de Movie City y consúltenla. Escépticos y cínicos, en cambio, conviene seguir de largo.