Después del casamiento

Después del casamientoResponsables de las ya reseñadas Corazones abiertos y Hermanos, la directora Susanne Bier y el guionista Anders Thomas Jensen vuelven a dar en la tecla con la recién estrenada Después del casamiento (en otros países hispanoparlantes el título es Después de la boda) . Así, por tercera vez, esta dupla de cineastas noruegos demuestra su capacidad para abordar los intrincados vaivenes de los sentimientos y las relaciones afectivas con sensibilidad pero sin sensiblería, con elocuencia pero sin verborragia, con contundencia pero sin golpes bajos.

En realidad, habría que hablar de trío y no de dupla, pues la pareja autoral convoca nuevamente a Mads Mikkelsen (el malo de la última de James Bond) para el rol protagónico. Y otra vez, el actor nacido en Copenhague da prueba de su versatilidad y de su presencia escénica.

Dicho esto, quien más se luce en el juego interpretativo es Rolf Lassgård, encargado de encarnar a un Jorgen al mismo tiempo omnipotente y desvalido, fuerte y vulnerable, extrovertido y reservado, resolutivo y entregado. La escena de la confesión final ante su esposa -una de las más impactantes del film- es probablemente la más desgarradora.

Igual que en sus largometrajes anteriores, Bier y Jensen retratan las pasiones humanas con intensidad y sin emitir condena alguna. En todo caso, utilizan algunos guiños narrativos (aquí, el paralelismo entre los ojos -la mirada- de los personajes y los ojos -la no mirada- de animales disecados) que le agregan cierta carga valorativa a la historia.

También a tono con sus antecesoras, Después del casamiento es un ensayo sobre el amor en situaciones extremas, y con un tercero en discordia involucrado. En esta oportunidad, se trata de una fábula más piadosa, incluso optimista, pero igualmente compleja y demoledora.