Hollywood reinventado

Es interesante constatar cómo Hollywood se reinventa a sí mismo. Por un lado están las remakes, trabajo que consiste en volver a filmar productos ya consagrados (Los productores > Los productores; Alfie > Alfie; Sabrina > Sabrina) o títulos hechos fuera de los límites californianos (La jaula de las locas > La jaula de las locas; Abre los ojos > Vanilla sky; Nueve reinas > Criminales; Bella Martha > Sin reservas). Por otro lado están las sagas, ejercicio que consiste en prolongar hacia atrás (precuelas) y hacia adelante (secuelas) éxitos prolíficos (por ejemplo, La guerra de las galaxias, Superman, El hombre araña, Alien, Volver al futuro, Misión imposible, Exterminio entre tantos otros). Por último, existe una alternativa más sutil (¿podemos hablar de sutileza cuando hablamos de Hollywood?) que consiste en generar nuevas versiones (versiones más elaboradas que las mencionadas remakes) de una misma idea.

A esta categorización, y sobre todo a esta tercera categoría, llegué después de toparme con Si yo tuviera 30, película que nunca se estrenó en las salas argentinas pero que actualmente los curiosos pueden ver en el canal de cable TNT. En efecto, este largometraje protagonizado por Jennifer Garner y Mark Ruffalo es una especie de «déjà vu» de Quisiera ser grande pero en versión femenina, y con algunas variaciones narrativas sustanciales.  

Ante las coincidencias entre una y otra propuesta, cierta memoria cinéfila se puso en marcha y empezó a buscar otros largometrajes que juegan con la conversión infancia-adultez o adultez-infancia según la ocasión. Inmediatamente aparecieron dos títulos: Mi encuentro conmigo (una de las tantas incursiones de Bruce Willis en la comedia) y la menos conocida Vice versa, con Fred Savage (el niño de Kevin, creciendo con amor), casualmente contemporánea de Quisiera ser grande.

Hollywood nos hace cambiar de edad según la ocasión

Sin duda, la película que Tom Hanks protagonizó hace casi dos décadas tuvo su encanto. Por lo pronto, la posibilidad de que un chico de 13 años se convirtiera de la noche a la mañana en hombre hecho y derecho fue un recurso original para referirse a la competitividad, al doble discurso, al cinismo, a la manipulación que suelen reinar en un mundo regido por mayores. 

Si yo tuviera 30 retoma esta idea de púber infiltrado entre adultos como un adulto más, pero aquí Jenna Rink no envejece en tiempo récord, sino que viaja en el tiempo y descubre cómo es su vida 17 años después (la aparente influencia de Volver al futuro II es mera ilusión óptica). También a diferencia de su antecesora, la comedia dirigida por Gary Winick prefiere concentrarse en un personaje adulto en particular -es decir, en una niña que se espanta cuando descubre su evolución como mujer- en detrimento del entorno que la rodea.

La intención de «crítica etaria» -por llamarla de alguna manera- pierde entonces fuerza y la fábula explota elementos más personales (o anecdóticos) que sociales (o generacionales). Las diferencias entre ambos films parece entonces reflejar un contexto de producción distinto, menos quisquilloso en los 80′ de Ronald Reagan que en el 2000′ de George W. Bush

Evidentemente, Hollywood se reinventa, se recicla, se reinterpreta… siempre acorde a las limitaciones de las administraciones de turno.