Así en el Cielo como en la Tierra

Asi en el Cielo como en la TierraTiene sus falencias. Empieza muy bien pero, a medida que avanza, el relato pierde fuerza. Sin embargo, a pesar de sus aspectos cuestionables, Así en el Cielo como en la Tierra es un film recomendable, sobre todo para aquéllos que tengan ganas de ver una comedia irreverente, dispuesta a tomarle el pelo al cristianismo.

La película de José Luis Cuerda -responsable de la entrañable La lengua de las mariposas– también vale por la participación de grandes del cine español como Paco Rabal, el recientemente fallecido Fernando Fernán Gómez, y mi debilidad Chus Lampreave. Por su parte, el resto del elenco está compuesto por los reconocibles/dos Mary Carmen Ramírez, Enrique San Francisco (¿se acuerdan del más rebelde de Arriba hazaña?), Gabino Diego y Jesús Bonilla.

Escrito por el mismo Cuerda, el guión juega con ideas desopilantes. Por ejemplo, la existencia de un paraíso por cada país, réplica de los paisajes y costumbres nacionales que le corresponden. O el hecho de que Jesucristo se someta a un tratamiento psicoanalítico para resolver sus numerosos complejos. O la decisión de Dios de engendrar un segundo hijo, esta vez criado en el reino de los cielos y enviado, ya formadito, a la Tierra.

Los guiños alusivos a los Santos Evangelios son muchos y variados, al igual que ciertos tiros por elevación a la idiosincrasia española. Lamentablemente, la multiplicidad de conflictos y nudos argumentales termina causando un efecto contraproducente. De hecho, transcurridos los primeros cuarenta minutos, da la sensación de que el guionista y director pierde pie, tal vez abrumado por sus propias ocurrencias.

No obstante, el largometraje cuenta con algunas perlitas destacables. Por ejemplo, la interpretación que Fernán Gómez hace del Todopoderoso, el discurso freudiano de Cristo, el uniforme de guardia civil que viste San Pedro/Rabal, la «competencia» entre los Cielos de España y de Francia.

Por razones obvias, Así en el Cielo como en la Tierra no es apta para espíritus religiosos sensibles a la crítica y a la parodia. En cambio, los demás espectadores podemos disfrutarla en su justa medida, sobre todo la primera mitad. Eso sí -y de nuevo– que el Señor nos perdone.