The Police en River

Foto de Bernardino Avila. Copyright de Página12Así como hace algunas semanas ver Be with me fue una buena manera de empezar a despedirse de 2007 en términos cinematográficos, asistir antes de ayer al recital de The Police en el estadio de River resultó una celebración de fin de año «monumental» (valga la obviedad del juego de palabras) en más de un sentido. Mejor aún, presenciar la reunión de uno de los tríos más importantes -sino el más importante- de la música inglesa contemporánea se reveló como una oportunidad de privilegio imposible de olvidar.

Quizás lo único cuestionable de la noche del sábado haya sido la actuación del telonero Beck, no tanto por culpa del cantante norteamericano transformado en autómata (que conste: es probable que esta desafortunada metáfora sea producto exclusivo de la indiferencia de quien suscribe) sino por una pésima calibración del sonido. De ahí que los golpes de percusión y las notas más agudas alcanzaran decibeles difícilmente soportables.

Por suerte el imperdonable descuido técnico se revirtió a las 21.30hs, momento exacto (¡ay, la célebre puntualidad british!) en que Sting, Stewart Copeland y Andy Summers arrancaron con Message in a bottle. A partir de este bautismo de fuego, la noche veraniega se convirtió en marco ideal para un espectáculo de calidad, donde la nostalgia de épocas pasadas se combinó con un profesionalismo y una madurez indemnes al paso del tiempo.

Los juegos de luces, una constante en este tipo de recitales

El resultado: la nueva versión de viejos himnos como Roxane, King of pain, Every breath you take, Don’t stand so close to me, So lonely, y de las conocidísimas Walking on the moon, Wrapped around your finger (excelente puesta a punto), When the world is running down, Voices inside my head entre otras canciones a esta altura verdaderos clásicos. En cuestión de minutos cada tema, cada solo, cada primer plano echó por tierra los rumores, reseñas, comentarios sobre los roces y desencuentros que -cuentan los que saben-provocaron la conflictiva separación de estos tres intérpretes notables.

De hecho, el concentrado trío ejecutó sus piezas de manera afinadísima y aceitadísima, haciéndole honor al concepto de «ensamble». Por un lado, Copeland y Summers ofrecieron distintas pruebas de destreza y versatilidad instrumentales; por el otro Sting volvió a demostrar su vasta formación musical, la sólida educación de una voz ahora más grave, y sin embargo con más capacidad torácica y una mayor amplitud de registros.

El show tampoco se privó de los ingredientes de rigor. Me refiero a la proyección de imágenes de archivo que ilustraron la trayectoria de la banda mientras sonaba Next to you, a la sucesión de fotos de niños del África al compás de Invisible Sun, a los juegos de luces dentro y fuera del escenario, a las convocatorias de Sting -en riguroso castellano- para que el público acompañara con coros y palmas, al pedido de bises por parte de los miles de espectadores, al saludo final de «gracias, Aryentina».

La prueba del delitoEn su cobertura, los medios informaron que las imágenes de los dos recitales realizados ayer y antes de ayer en Buenos Aires servirán para producir el DVD con el que The Police piensa dar testimonio de su tan promocionado reencuentro. Ojalá la iniciativa pueda capturar y transmitir la magia desplegada en tamaño revival, además de la felicidad de quienes pudimos compartir esta emotiva e inolvidable celebración monumental.