Leones por corderos

Leones por corderosDefinitivamente Leones por corderos es una película hecha para el espectador medio norteamericano, y por lo tanto para quienes en distintas partes del mundo comparten* la mirada de ese público. Dicho de otro modo, el film producido, dirigido y protagonizado por Robert Redford pretende concientizar acerca de la responsabilidad que los actores principales de la sociedad estadounidense -los políticos, los medios de comunicación, los académicos- tuvieron/tienen con relación a la invasión a Irak

Desde esa perspectiva, los diálogos que mantienen, por un lado, la periodista independiente Janine Roth y el senador ultra republicano Jasper Irving y, por el otro, el comprometido profesor Stephen Malley y el escéptico estudiante Todd Hayes resultarán incisivos, reveladores, impactantes. En el mismo sentido, las escenas protagonizadas por los soldados Rodríguez y Finch causarán conmoción, tal vez cierta acongojada reflexión.

En cambio, quienes para bien o para mal pertenecemos a una audiencia diferente, con otra visión respecto de la política exterior norteamericana y con preferencias cinematográficas al margen de Hollywood, encontraremos que este largometraje aborda de una manera sumamente acotada -por no decir distorsionada- la problemática planteada y, por si esto fuera poco, pone en marcha una narrativa explotada hasta el hartazgo. 

De hecho, ¿hasta cuándo los guionistas hollywoodenses seguirán recurriendo a la misma pauta espacio-temporal para los thrillers bélicos, políticos y del recontraespionaje? ¿Cuántas veces tendremos que asistir a una simultaneidad determinada por los epígrafes que señalan lugar y hora (Washington DC. 10 AM / Pueblito perdido. Afganistán. 4 PM / Alguna otra ciudad del Primer Mundo. 8 PM)? ¿Cuántas veces tendremos que imaginar que esos escenarios de cartón recrean las características geográficas de Medio Oriente?

¿Cuántos films retomarán una y otra vez la anécdota de los soldados perdidos, resistentes hasta el final? ¿Cuántos extras deberán representar a un ejército enemigo siempre torpe, indeciso, ineficiente, capaz de tardar horas (lo que dura una película) en capturar -eventualmente matar- a dos uniformados librados a la buena de Dios, tullidos, medio muertos?

Leones por corderos hace uso y abuso de todas estas taras y -peor aún- no aporta absolutamente nada a las discusiones que hace rato se mantienen en torno a la llamada «guerra contra el terrorismo islámico». Quizás el único acierto de Redford haya sido la elección de Tom Cruise para encarnar a quien representa y defiende los valores norteamericanos más fundamentalistas.

Por lo demás, ésta es otra fábula políticamente correcta, verborrágica y sentenciosa, que termina convirtiéndose en mea culpa tardía e intrascendente.

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PD 1.- Otro punto de vista de otro blogger cinéfilo.

PD 2.- * Hace algunos días, leí la crítica que el diario Ámbito Financiero le dedicó a este largometraje. Entre otras cosas, su autor Diego Curubetolo lo define como un «film de ideas, simple y eficaz, que se ocupa de la amplia gama de grises sin caer en los sermones sin matices de Michael Moore«.
Creo que la oración encomillada sugiere mejor que este post quiénes apreciarán/detestarán Leones por corderos.