Dr. Insólito o: cómo aprendí a dejar de preocuparme y amar la bomba

cómo aprendi a dejar de preocuparme y amar la bombaEl título Dr. Insólito o: cómo aprendí a dejar de preocuparme y amar la bomba es tan largo como Todo lo que siempre quiso saber sobre sexo pero jamás se atrevió a preguntar. Aunque transcurrieron ocho años entre una y otra película, da la sensación de que ambas pertenecen a una misma época, cuando los títulos extensos solían anticipar cierta intención de sátira social.

Mirar la película de Stanley Kubrick cuatro décadas después de su estreno es un ejercicio enriquecedor por varios motivos. Primero, porque permite pensar en la evolución de un director que se permitió abordar distintos géneros y temáticas. Segundo, porque confirma que Peter Sellers fue alguien más que el alter ego del inspector Clouseau. Tercero, y quizás ésta sea la razón más importante, porque demuestra que el absurdo de la guerra siempre mantiene su vigencia.

Por supuesto, Dr. Strangelove or: how I learned to stop worrying and love the bomb -éste es el título original- alude a un contexto inexistente en nuestro siglo XXI. Sin embargo, es cuestión de acomodar un poco las piezas en función de un escenario probablemente peor en comparación con el de los años ’60.

De hecho, mientras en aquella época la locura de bombardear el campo enemigo (en ese entonces la Unión Soviética) podría haber sido obra de un loco «menor» (en el imaginario de este film, un brigadier paranoico), hoy el ataque masivo al tirano de turno (Irak) es responsabilidad de un loco «mayor», el mismísimo Presidente de los Estados Unidos.

Basada en una novela de Peter George, la adaptación que elaboraron Kubrick, Terry Southern y el mismo George se destaca por una ironía a veces desopilante (por ejemplo, el brazo de Strangelove que se empecina en hacer el saludo hitleriano), a veces sutil (el único militar británico se apellida Mandrake), por un Sellers capaz de interpretar tres papeles distintos, y por la vehemencia con la que George C. Scott encarna al General Turgidson.

Cuarenta años después, Dr. Insólito también nos depara algunas sorpresitas suplementarias. Entre ellas, descubrir a un joven James Earl Jones entre el elenco secundarísimo o detectar cierta cualidad visionaria: por lo pronto, esta ficción de los ’60 ya mostraba a un cowboy texano mesiánico dispuesto a atacar tierras lejanas en nombre de la libertad y la democracia.