En otro lado

La Universidad de las Madres, auspiciante del Congreso de Salud mental y DD HHAyer sábado 17 de noviembre tuvo lugar en la Plaza de los Dos Congresos de la ciudad de Buenos Aires la tercera jornada del VI Congreso Internacional de Salud Mental y Derechos Humanos, que contó con el apoyo de la Universidad de las Madres Plaza de Mayo. Como suele sueceder en estos casos, el evento fue prácticamente ignorado por los grandes medios de comunicación. En cambio, Espectadores estuvo allí para sumarse a la propuesta, y sobre todo para asistir a la programación en vivo de La colifata, radio hecha a pulmón por pacientes y no pacientes del Borda.

En términos periodísticos, ésta podría ser la cabeza noticiosa más o menos convencional para un artículo que pretende convertirse en crónica de lo sucedido. Sin embargo, limitarse a una descripción «objetiva» (si existe tal cosa) de lo visto y oído corre el riesgo de negar la esencia de una experiencia fundamentalmente conmovedora.

Cuando hablamos de salud mental indefectiblemente hablamos de locura, de marginación, de encierro. Con y sin fundamento médico y legal, los neuróticos nos hemos arreglado para hacer las distinciones necesarias y quedar a salvo de definiciones, clasificaciones, diagnósticos y pronósticos que conducen a la estigmatización, a la condena, al aislamiento, al castigo, al sufrimiento.

Los locos son siempre los otros. Aquéllos que piensan, hablan, caminan raro. Aquéllos que deliran, desvarían, alucinan. Aquéllos que atentan contra -o impiden- el funcionamiento «normal» de nuestra sociedad. Aquéllos que ponen en peligro nuestro modelo de ser humano equilibrado, lúcido, integrado con su entorno. Aquéllos que causan rechazo, miedo, vergüenza. Aquéllos que conviene no ver, no conocer, no tratar, ni siquiera tocar porque pueden reflejar/señalar/despertar nuestras propias conductas paranoicas, obsesivas, compulsivas, histéricas, esquizoides.

La Colifata, en vivo

Los militares de la dictadura de 1976-1983 y sus fervientes defensores civiles bautizaron a las Madres «las locas de Plaza de Mayo». De hecho, aún hoy siguen llamándolas así (ante cualquier duda basta con consultar las cartas de lectores del pretendidamente ecuánime diario La Nación).

Sin dudas, nadie mejor que estas mujeres «desquiciadas» para apuntalar, defender, reivindicar los derechos humanos de quienes -aún en democracia- son víctimas del maltrato social y estatal. Sin embargo, esta saludable sintonía de locura no llama la atención de la prensa, probablemente porque no vende como la enajenación que produce materia prima para la elaboración de la exacerbada -y por supuesto redituable- sección Policiales.

Cuando uno ingresa a la Universidad de las Madres, cuando uno descubre emprendimientos como el de La colifata  -y de otras radios similares que transmiten desde Junín, Rosario, Córdoba, Uruguay, Chile, Brasil, Ecuador, México-, cuando uno escucha a Silvina, a Eber Isaac, a Julio, a Manuel, a Eduardo, a Hugo, uno se da cuenta de que la locura verdaderamente peligrosa está de nuestro lado. De lado de los neuróticos.

Del lado de quienes seguimos sosteniendo una sociedad cuyos remedios, tratamientos y soluciones pasan por despersonalizar, agraviar y lastimar a esos otros (llámense pobres, extranjeros y/o -ya que estamos- «colifatos») que no podemos entender y que tanto nos molestan. Del lado de quienes nos acostumbramos a un mundo escenario de guerras, miseria, violencia generalizada y, sin embargo, estamos convencidos de que -gracias a Dios, a la medicina y a la Ley- la locura está en otro lado.