Delicias del sexo opuesto

Ilustración extraida del periódico mexicano La Crónica de HoyHace semanas una estudiante de Italiano me contó que, para practicar el empleo del modo potencial, el profesor les pidió a sus alumnos que armaran una lista con las cinco cosas que más disfrutarían si, de un día para el otro, cambiaran de género. Que quede claro: la tarea no estaba inspirada en Lalola, es decir, no era cuestión de imaginarse con cuerpo masculino/femenino y seguir pensando como mujer/hombre. No… El ejercicio exigía ponerse en la piel -y en la cabeza- de un representante del sexo opuesto.    

Ante la ocurrencia de la propuesta y de las respuestas del alumnado (prefiero no revelarlas para evitar desvirtuar la intención de este post), se me ocurrió publicar una lista personal e invitarlos a compartir la suya propia. A lo mejor aquí también este juego de identidades cambiadas activa nuestra inventiva y, sobre todo, nuestro sentido del humor.

A continuación, entonces, el top five de… Le spectateur.  😉

1.- Qué cómodo esto de poder pasearme en musculosa, shorts, malla o bermudas sin necesidad de depilarme piernas y axilas.

2.- ¡Aleluya! No me viene eso que llaman menstruación.

3.- Envejezco, y las canas, las arrugas y la pancita no me quedan mal.

4.- Pocas cosas tan reparadoras como agarrarse a las piñas cuando se trata de defender el honor mancillado (propio o ajeno según el caso).

5.- Muy bien por aquéllos que tiempo atrás supieron distinguir entre las nociones de «Don Juan» (galante, picaflor, semental, macho irresistible) y de «puta» (infiel, promiscua, ninfómana, histérica, comehombres, ligera de cascos, prostituta). Por algo no existe la contraparte de la palabra «mujeriego»; de hecho «hombrera» es apenas un accesorio del buen (¿?) vestir.