Longford

LongfordAtención, incondicionales de HBO: este post tiene altas chances de interesarles. De hecho, el reconocido canal de cable agregó a su programación especial Longford, telefilm anglo-americano protagonizado por Samantha Morton y Jim Broadbent (así es: el estoico padre de Bridget Jones) que, por varios motivos, atrapa de principo a fin. Los abonados a la televisión premium, de parabienes.

Si se sintieron decepcionados ante El último rey de Escocia y/o indiferentes ante La reina, por favor eviten sacar conclusiones apresuradas cuando lean que el guionista de ambas películas -Peter Morgan- es el autor de esta historia para la pantalla chica, inspirada en hechos reales. De no poder con el genio, al menos intenten confiar en el talento de Tom Hooper, también director de las impecables Elizabeth I y Prime suspect.  

Lo cierto es que la mencionada dupla sabe contar la atípica relación entre un viejo político británico miembro de la Cámara de los Lores y una joven asesina serial (infanticida, para ser más precisos) sin caer en posturas demagógicas ni en discursos aleccionadores. En realidad, el encuentro entre estos dos seres provenientes de polos totalmente opuestos se convierte en excusa para reflexionar acerca de nociones tan polémicas como la justicia, el perdón, la venganza, el castigo, la fe, la piedad, el bien y el mal.

Un poco como Mientras estés conmigo, Longford nos propone un ejercicio sumamente difícil: apostar a la rehabilitación -a la salvación en un sentido religioso- de alguien en principio digno de nuestra aversión. Aquí nadie pretende obligarnos a creer en una inocencia a todas luces inexistente; aquí se trata de asumir la parte más bestial de nuestra condición humana y de considerar los «remedios» que nuestra sociedad impone para negarla, excluirla, encerrarla, denigrarla, condenarla, golpearla, narcotizarla y -paradójicamente- reproducirla, exacerbarla.

Samantha Morton es la actriz ideal para transmitir la dualidad de Myra Hindley, y Jim Broadbent despliega su halo enternecedor para encarnar al comprometido Lord Longford. Por si esto fuera poco, el parecido de ambos intérpretes con sus personajes es impresionante (un solo reproche: ¿era necesario maquillarlo tanto a Broadbent?).

Por su lado, Andy Serkis (algunos lo recordarán por haberlo visto en El gran truco) y su composición del psicópata Ian Brady merecen un párrafo aparte.

Siempre es un placer toparse con producciones televisivas de calidad. Sin dudas, Longford entra directamente en esta categoría. Por eso no olviden darse el gusto de agendarla, y por supuesto de verla.