Ni d’Eve ni d’Adam

Ni d’Eve ni d’AdamSegún Wikipedia, todavía no se editó la versión en castellano de Ni d’Eve ni d’Adam. De ser así, los hispanoparlantes interesados en leer el último trabajo de Amélie Nothomb deben saber que la espera vale la pena. De hecho, esta novela autobiográfica (otra de la escritora belga) propone un retrato pintoresco de la sociedad japonesa a partir de una mirada llena de admiración pero que -lógicamente- nunca deja de ser occidental.

Hija de un padre diplomático, la autora vivió en distintas partes del mundo, en ocasiones en las antípodas de su país de origen. En el libro aquí comentado, relata su vida en Tokio, cuando tenía 20 años de edad, y describe impresiones que superan el ámbito estrictamente personal para convertirse en un fresco sociocultural. 

Como suele suceder en estos casos, el retrato propone una doble lectura: por un lado, la referida a la idiosincrasia de la nación extranjera; por otro lado, la referida a la idiosincrasia propia. Pero atención: en ningún momento Nothomb se pretende una cronista objetiva o neutra, sino que reconoce -a veces con sorna, a veces con legítima sorpresa- la influencia de prejuicios, idealizaciones, preconceptos propios de todo ser humano.

La prosa de Ni de Eva ni de Adán (ésta sería la traducción literal al título original) es directa, concisa, amena. La narración en primera persona evita las taras del discurso egocéntrico; en cambio transmite la agudeza de una observadora curiosa, informada, sensible, inteligente.

Quienes no hayan leído nada de Amélie pueden debutar tranquilamente con este último trabajo. Además de descubrir a una escritora prometedora, tendrán la fortuna de -tal vez sin haberlo imaginado- viajar a Japón.