Diez

DiezEn principio, Diez es un documental especialmente recomendable para dos grandes grupos de espectadores. Por un lado, para quienes creen que Abbas Kiarostami es un cineasta indigesto (pienso en Rudy y Paz que, cada tanto en Página/12, retoman el viejo chiste sobre El sopor de la cereza). Por otro lado, para aquéllos convencidos de que «los árabes» o «los musulmanes» -«los iraníes», corregirán los más precisos- se encuentran en las antípodas de nuestra cultura, de nuestra idiosincrasia. De hecho es probable que, después de ver esta producción realizada en 2002, ambos tipos de público cambien de opinión… aunque sea un poco.

Diez son las anécdotas que integran este largometraje de 94 minutos, filmado con una cámara fija apoyada sobre el tablero de un vehículo. En realidad, se trata de una decena de conversaciones a priori espontáneas que la conductora de un auto mantiene con sus co-pilotos ocasionales: desde su propio hijo de ocho años hasta una prostituta que se sube por error.

Diez son las oportunidades que tenemos para acercarnos a usos y costumbres de Irán, desde una óptica femenina que nos libera de muchos prejuicios asociados al uso del shador. Dicho de otro modo, este ocurrente trabajo testimonial confirma lo que en teoría sabemos y que sin embargo a veces olvidamos, abrumados por los efectos de la propaganda occidental.

Me refiero a cierta condición universal de la especie humana, es decir, a las inquietudes, sentimientos, reacciones que todos compartimos sin importar dónde vivamos, qué idioma hablemos, qué comamos, con quién durmamos, qué trabajo hagamos y a quién le recemos. De ahí que la charlas recreadas en un formato de cuasi reality traten temas tan convocantes como el amor, el sexo, las relaciones de pareja, la relación con los hijos, la religión.

Diez son las pruebas fehacientes de que Kiarostami sabe retratar el alma de las personas con escasos recursos. Aquí, con un interesante trabajo de edición que reduce o compensa las limitaciones típicas de rodar con una única cámara fija, colocada en un auto en movimiento casi ininterrumpido.

Sin dudas, Diez es un documental recomendable para dos grupos específicos de espectadores. Por supuesto, la sugerencia se amplía y resulta igualmente válida para los amantes del buen cine, excluidos de la tipología a la que -de manera esquemática- alude este post.