Encarnación

EncarnaciónSi a la mayoría de los mortales el envejecimiento nos problematiza, las mujeres somos un blanco especialmente sensible y, dentro de la población femenina, las actrices, modelos y vedettes parecen sufrir todavía más. En este sentido, Encarnación funciona como una lupa que revela los detalles de esta resistencia al paso del tiempo a partir de una muestra que, en este caso, se circunscribe al presente de una ex figura del cine, el teatro y la televisión.

Los fanáticos del Negro Olmedo seguramente recordarán a Silvia Pérez por integrar el elenco de programas y películas protagonizadas por el cómico rosarino. Pasaron casi tres décadas desde entonces, y aquella rubia de ojos verdes y cuerpo escultural vuelve a aparecer ahora, convertida en personaje principal de la tercera película de Anahí Berneri.

Más de uno sospechará que Silvia no actúa cuando hace de Erni, o que Erni es una simple prolongación de Silvia. En definitiva, poco importa. Lo que realmente importa es la generosidad de Pérez a la hora de prestarse a este juego de similitudes, y el coraje de someterse a primeros -a veces primerísimos primeros- planos que por momentos parecen invadirle el alma.

Como en Un año sin amor, aquí también Berneri se refiere a una angustia existencial. En Encarnación, angustia ante la imposibilidad de recuperar la juventud (por lo tanto, la lozanía, la tonicidad, la fama); en aquel segundo film, angustia ante la enfermedad y la inminencia de la muerte.

Sin embargo, inclinando un poco la balanza a favor de esta última producción, habrá que señalar la desaparición de esa intención provocadora, escandalizadora que pareció teñir ciertas escenas inspiradas en el diario íntimo de Pablo (que conste; es pura casualidad) Pérez. Ahora, la notoria evolución se traduce en una manera más sutil y madura de filmar y de narrar.

Además de la entrega de la ex chica Olmedo, cabe destacar las actuaciones de los jóvenes Martina Juncadella y Luciano Cáceres, encargados -cada uno a su manera- de representar la contracara de la tan temida y repudiada vejez.