Postales de París

El simbolo de Paris, por antonomasiaEl alma volvió; la computadora revivió; no queda más que publicar el post durante días postergado. De esta manera, el viaje iniciado hace un mes llega a su fin, y de paso este cierre permite que Espectadores retome su ritmo habitual.
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Porque tuvimos la suerte de visitarla o porque vimos fotos, todos podemos reconocer algo de París: pedacitos, rincones, avenidas, monumentos. Por eso, estas postales proponen otro recorrido de la capital francesa. Un recorrido que le escapa al turismo for export, es decir, al circuito que se permite simplificar épocas y distancias, y encimar a la Torre Eiffel, al Arco de Triunfo, a los Campos Elíseos, al Louvre, al Moulin Rouge, a los meandros del Sena en un único e imaginario reducto geográfico.

Sección gatuna en un supermercadoÉsta es también una pequeña muestra de indicios y síntomas que llamaron mi atención. Es que, en pleno auge globalizador, hoy Lutecia -como solían llamarla los galos– es una verdadera ciudad cosmopolita, atravesada por marcas y fenómenos propios de ese «no-lugar» que mencionan los sociólogos y filósofos cuando escriben sobre la híbrida e inasible posmodernidad…     

Ante una doble góndola de supermercado reservada exclusivamente para productos de interés gatuno (alimentos, cuchas, pulguicidas, shampúes, collares, moños, golosinas y Baños públicos para mascotasratas de hule), conviene no pensar en la cantidad de gente que en otra parte del mundo se muere de hambre. Primero, para evitar hacerse mala sangre. Segundo, porque -en caso de compartir la reflexión- corremos serios riesgos de que nos acusen de amargos, de pesimistas o -peor aún- de demagogos.

Es mejor entonces quedarse en el plano de lo pintoresco. Justamente con esta intención, cabe señalar la existencia de los baños para perros, una interesante -aunque, al parecer, no muy efectiva- solución que pretende terminar con la noción de «quartiers merdiques» o, dicho en buen criollo, barrios atestados de caca canina, con perdón de la cacofonía.

Sospecho que, de contar con más tiempo, a nuestro dentro de poco «ex» jefe de la ciudad de Buenos Aires le encantaría importar estos WC para mascotas.

Afiche de Le Coq SportifSi de animales se trata, nada más oportuno que un ocurrente retrato del plumífero que en Francia supo erigirse en símbolo por excelencia. Símbolo de gallardía deportiva, convertido en marca registrada nacional. Aquí, a tono con el mundial de rugby, esta publicidad de Le coq sportif asegura que «correr hace que el gallo ponga huevos». En el castellano rioplatense, la metáfora suena todavía mejor, acorde al coraje que exige toda competencia física. En francés, hay que pensar simplemente en la rareza de que un gallo -y no una gallina- sea responsable de la (re)producción… en este caso de novísimas zapatillas.

La Marsellesa, según NikeEn el polo «opuesto», la competencia venida del otro lado del Atlántico y abanderada de un perfil multinacional osa retomar uno de los versos más contundentes de La Marsellesa. Quién hubiera dicho que una marca como Nike jugaría con el espíritu revolucionario de 1789 y citaría nada menos que la convocatoria a una ciudadanía armada. Ante esta decisión, cuesta poco imaginar una próxima remera con el típico simbolito «nikeano» y abajo el rostro del Che.

El protagonismo del rugby, aún en la Tour EiffelEvidentemente, el deporte mueve -además de multitudes- dinero (en realidad, ciertos deportes). De ahí la necesidad de promocionar un evento como el mencionado mundial de rugby. De ahí la decisión de colocar una enorme pelota ovalada con la inscripción de rigor nada menos que en el corazón de la Tour Eiffel, entre el primero y el segundo piso. En honor a la verdad, da un poco de impresión verla colgando de cables casi transparentes; para la torre en cambio se trata de un accesorio más, entre tantos otros que le han endilgado para renovar su incólume estructura férrea.

De todos modos, el mundial y la mundialización no pueden doblegar -mucho menos desarraigar- lo mejor del espíritu galo. La prueba se encuentra en la siguiente pequeña parcela de tierra transformada en jovencísimo viñedo.

Créase o no: viñedos en La Défense¿Qué tiene de particular esta foto a priori tan insípida? Créase o no: viñedos en La DéfenseEl detalle de haber sido sacada en plena Défense, especie de city futurista donde las grandes corporaciones han construido sus sedes parisinas y donde en principio la exacerbación de lo urbano y lo tecnológico impide la más mínima noción de convivencia con un cultivo tan delicado como el de la vid.

Por último, la última postal, tal vez la menos representativa de París, y sin embargo la que posiblemente mayor emoción cause. De hecho, si pudieran ampliar la imagen, verían que se trata de una estatua repleta de inscripciones y leyendas hechas con marcador o torpemente talladas. Si pudieran darla vuelta, caerían en la cuenta de que ésa es la tumba de Oscar Wilde, situada en el famoso cementerio del Père Lachaise.

Oscar Wilde, entre sus admiradoresEn su inmensa mayoría, los mensajes son de reconocimiento y agradecimiento. Están escritos en inglés, en francés, en castellano, en alemán, en italiano, en hebreo. Por el tipo de letra, y porque en definitiva se trata de pequeños graffitis, podemos suponer que los escribientes son jóvenes seguidores.

En un cementerio donde descansan los restos de distintas personalidades de la cultura y la historia europea, ésta es la única tumba donde los visitantes escriben sobre su pesar y su admiración. Toda una distinción para alguien cuyo don de la palabra sigue seduciendo y conmoviendo más allá del paso del tiempo y de la muerte. 

«París bien vale una misa», dicen que dijo el rey Enrique IV. Hoy, en pleno siglo XXI, la experiencia de recorrerla y fotografiarla es casi-casi religiosa.