Festival de Biarritz. Apertura

Si Espectadores fuera un blog sobre automovilismo, el título de este post sería algo así como Hoy largó el Festival de Biarritz. La metáfora deportiva es válida no sólo porque en definitiva se trata de una competencia, sino porque en esta ciudad balnearia francesa se vive un clima de entusiasmo, vértigo y ansiedad bastante parecido al de las carreras sobre cuatro ruedas.

Pasacalles del Festival de Biarritz

Lo cierto es que el evento «arrancó» oficialmente en la sede Village (el casino, en realidad) con la inauguración de las exposiciones, entre ellas la interesante galería de fotos que Claude Lefèvre tomó sobre la vida de los indios embera en Panamá. Situado al borde del mar, este espacio cuenta con distintas salas preparadas, por un lado, para las distintas muestras y eventos varios (por ejemplos recitales) y, por otro lado, para difundir -léase vender- artesanías y comidas/bebidas típicas de Latinoamérica y, ya que estamos, del país vasco.

En este punto, una primera observación: se entiende perfectamente que la intención de merchandising siempre supone un toque for export que suele explotar estereotipos, y por lo tanto distorsionar identidades y realidades. Sin embargo, resuta imposible no sobresaltarse ante la presencia de un parador que, para promocionar jugos de frutos brasileños, elige llamarse Favelas Chic.

El casino de Biarritz, convertido en sede VillageAl margen de esta gaffe a mi juicio bastante grosera, el Festival de Biarritz empezó de manera simpática, con el acento puesto en la necesidad de acercar culturas y visiones -nótese el plural de ambos términos- y de reflexionar sobre la trayectoria de América latina durante los últimos cuarenta años. Probablemente uno de los aspectos más curiosos del asunto es que esta búsqueda de acercamiento y conocimiento atañe tanto al público francés o europeo que desconoce la producción de la región como a productores, directores, actores, distribuidores, espectadores latinoamericanos que lamentablemente tampoco tenemos acceso al cine realizado por los países hermanos. 

Una vez presentado el jurado evaluador y después de terminada la ceremonia de inauguracion, les llegó el turno a las películas de apertura, proyectadas en otro espacio: la sala Atalaya de la Gare du Midi. A continuación, una breve reseña sobre cada producción, ambas de origen brasileño.
———————————————————-

Picolé, pintinhio e pipa
Cortometraje, Ficción
La propuesta del joven Gustavo Melo promete más de lo que cumple. El principio es interesante; la tensión narrativa se mantiene durante un tiempo… hasta que las actuaciones terminan de flaquear y el relato sucumbe ante un final abrupto, impreciso, insalvable.

O ano em que meus pais sairam de fériasO ano em que meus pais saíram de férias
Largometraje. Ficción
Dirigido por Cao Hamburger y co-producido por Fernando Meirelles (muchos lo recordarán por la impactante Ciudad de Dios), este film propone un sutil retrato de la dictadura que Brasil padeció en 1970, en pleno Mundial de Fútbol. Las coincidencias con la situación que atravesó la Argentina en 1978 son numerosas; de ahí que el largometraje resulte especialmente conmovedor para quienes recordamos esa época tan oscura de nuestro propio pasado.  

El guión escrito por Claudio Galperin, Bráulio Mantovani, Anna Muylaert, Adriana Falcão y el mismo Hamburger tiene el tino de evitar los golpes bajos y las pretensiones pedagógicas. El hecho de que el narrador sea un chico de 12 años nos libera de posibles interpretaciones históricas adustas o solemnes, y en cambio nos hace más tolerantes a una por momentos edulcorada combinación entre drama y comedia.

A diferencia de lo que sucede en Picolé, pintinhio e pipa, aquí los niños -sobre todo Michel Joelsas y Daniela Piepszyk- resultan sumamente convincentes, a la par de un elenco igualmente sólido y entrañable.

O ano em que meus pais saíram de férias fue filmado en 2006. En principio, en Francia se estrenará en diciembre próximo. En cambio, al menos por ahora, Argentina no tiene niguna fecha prevista. Una pena…