Sophie Scholl. Los últimos días

Sophie Scholl. Los últimos dásCuando se estrenó el año pasado, no fui a ver Sophie Scholl. Los últimos días al cine porque -debo confesarlo- las películas sobre nazismo me resultan cada vez más indigestas. Por un lado, creo saber todo lo que hace falta sobre el movimiento liderado por Adolf Hitler. Por el otro, con los años estoy perdiendo la capacidad de tolerar las distintas expresiones de bestialidad humana.

Decisión equivocada. En primer lugar, el film dirigido por Marc Rothemund es más que un relato histórico -si se quiere biográfico- ambientado en la Alemania de los años ’40. En segundo lugar, el guión de Fred Breinersdorfer sabe describir el terror de un régimen totalitario a partir de una violencia latente, contenida, en ningún momento física ni desatada.

Decididamente este largometraje se destaca por su sobriedad. Sobriedad a la hora de retratar a una joven mujer aferrada a su fe religiosa, a sus convicciones ideológicas, a su compromiso político, a sus seres queridos. Sobriedad cuando se trata de señalar las contradicciones y el fanatismo de un poder dictatorial, avasallante, despiadado, asesino.

Este ascetismo nos protege del riesgo de manipulación. Dicho de otro modo, aquí no estamos ante una heroína temeraria, empecinada en provocar la ira de sus carceleros ni ante una víctima desfalleciente, sometida a la brutalidad de sus verdugos. Los nazis tampoco aparecen como villanos a la usanza hollywoodense, seres descerebrados entrenados para violar, torturar y matar.

No. Aquí estamos ante una estudiante universitaria dispuesta a discutir argumentos, posturas, acciones con un jefe de policía igualmente interesado en mantener una suerte de duelo retórico o argumentativo. Al margen del destino que la película -y la Historia- les depara, el encuentro entre estas dos personas situadas en las antípodas vale toda la película.

En este punto cabe elogiar las actuaciones de Julia Jentsch y Gerald Alexander Held, capaces de encarnar a sus personajes sin recurrir al golpe bajo ni al estereotipo. Ella transmite el proceso de maduración que atraviesa la protagonista, la transición de un accionar casi naïf a una toma de posición absolutamente asumida. Él revela las fisuras de un hombre en principio adoctrinado pero en el fondo conciente de fallas, paradojas y delitos.

Sin dudas, Sophie Scholl. Los últimos días no es ooootra película sobre nazismo. Éste es, ante todo, un ensayo sobre la dignidad y el coraje humanos, una retrato de la soledad en la resistencia, una reivindicación de la lucidez y la coherencia, un llamado de atención sobre nuestras propias conciencias.