Proyecciones

ProyeccionesA simple vista, Proyecciones es una versión remixada -si me permiten la interferencia musical- y dicho sea de paso empobrecida de la insuperable Todo por un sueño de Gus Van Sant. Basta con detenerse en la caracterización de Kimberly Joyce (interpretada por Evan Rachel Wood, protagonista de A los trece) para automáticamente recordar a la inquietante y arribista Suzanne Stone Maretto, de lejos uno de los personajes mejor logrados de Nicole Kidman.

Filmada en 2005 por el televisivo Marcos Siega, esta película también gira en torno a una mujer -en este caso una adolescente- inescrupulosa dispuesta a todo con tal de acceder a cierta fama mediática, en este caso como actriz. Sin embargo, a diferencia de la propuesta de Van Sant, aquí las intenciones de sátira se quedan a mitad de camino desde el momento en que el guión de Skander Halim termina explicando o excusando el comportamiento perverso de una niña rica a partir de una única e incontestable teoría: la falta de amor.

Esta concesión principal arrastra otras concesiones. Por ejemplo, que la muerte aparezca en tanto efecto colateral -involuntario- del plan de Kimberly, y no en tanto objetivo buscado, tal como sucede con la estrategia armada por Suzanne. O que la víctima del «juego» sea en definitiva un ser irritante (el profesor Percy Anderson/Ron Livingston) y en algún punto culpable, y no un pobre diablo enamorado de su esposa (Larry Maretto/Matt Dillon).

En Proyecciones, el sexo también aparece como herramienta de manipulación pero las intenciones de Siega y Halim están más cerca de la mera provocación que de una crítica genuina. Lo mismo sucede con los gags que apuntan contra una sociedad exitista y con doble discurso/moral: son pura espuma.

Quizás lo más rescatable de este film nunca estrenado en el circuito comercial argentino sea la actuación de Wood, evidentemente inspirada en Kidman pero con una pasión propia que le permite destacarse en un elenco irregular. En el polo opuesto, da un poco de pena verlo a James Woods convertido en maquieta y por lo tanto reducido a su mínima expresión.

Con suerte, Pretty persuasion -éste es el título original- le llame la atención a un público novato, que desconoce la obra del legítimamente polémico Van Sant. En cambio, quienes hayan disfrutado de To die for harán bien en pasar por alto un largometraje que, como mucho, se le parece pero que en ningún momento supera la instancia de burda imitación.