Acoso laboral

El mobbing y las jerarquásHace días, Eraser publicó en su blog un artículo muy esclarecedor sobre mobbing, forma de acoso laboral que por lo visto ya cuenta con estadísticas en España. Aquí en Argentina el término ha tenido escasa difusión, tal vez porque -en un país acorralado por un alto desempleo- el maltrato de un jefe (casi) siempre es un mal menor.

Como bien señala este amigo de Espectadores, el mobbing se encuentra «en la sombra educativa», y por lo tanto también victimiza a profesores y a personal administrativo de distintas universidades. Es que, pensándolo bien, cualquier ámbito regido por un sistema de jerarquías puede convertirse en caldo de cultivo para la germinación de conductas autoritarias y persecutorias.

De ahí que el ensañamiento laboral no distinga entre esferas pública y privada. De ahí su propagación tanto en empresas y fábricas como en instituciones académicas, militares, religiosas, gubernamentales. 

Por momentos, el mobbing aparece como mecanismo punitorio de nuestra sociedad actual. Tanto que su primera versión interviene en la mismísima escuela, de la mano de aquellos maestros empecinados en descalificar, humillar, ignorar a los alumnos que no les caen en gracia.

De hecho, algunos de los ítems que Erase enumera en su lista de elementos y comportamientos de acoso se aplican perfectamente a esas típicas anécdotas escolares donde el estudiante condenado no tiene absolutamente ninguna chance de redimirse ante el docente a cargo.  

Desde esta perspectiva, da la sensación de que el sistema nos ha preparado (y sigue preparando a otros) para convivir con el mobbing, desde pequeñitos. Quizás por eso, a pesar de los esfuerzos de divulgación, muchos aún ignoran la existencia de un mal que -retomando las palabras de Eraser- corre el riesgo de convertirse en un nuevo «cáncer del siglo XXI».