Funny ha ha

Funny ha haEn Estados Unidos la expresión «funny ha ha» sirve para distinguir lo que es gracioso de lo que es más bien irónico, paradójico, a veces patético. «Reír por no llorar» solemos decir por estos pagos menos afectos a las onomatopeyas. Lo importante es que -cualquiera sea la expresión elegida- los seres humanos siempre podemos asumir lo absurdo de nuestra existencia con cierto sentido del humor.

Ésta podría ser una premisa válida para mirar la opera prima escrita y dirigida en 2002 por Andrew Bujalski, y recién estrenada en Argentina -en el circuito no comercial- hace escasos meses. De hecho, la película nos invita a acompañar a Marnie, joven norteamericana de clase media abatatada por la inestabilidad laboral y los avatares de un amor no correspondido.

Funny ha ha tiene un formato inspirado en los reality shows. Dicho de otro modo, los espectadores percibimos la presencia de la cámara, sus movimientos inquietos, su trabajo de seguimiento, su intención de mostrar la historia «desde adentro». Sin embargo, a diferencia de los programas pertenecientes al mencionado género, el film no tiene intenciones de revelar episodios íntimos, triunfalistas y/o escabrosos.

Pensándolo bien, estos episodios ni siquiera existen, probablemente porque la vida de Marnie no es un experimento de laboratorio ni supone un concurso estelar. La vida de Marine es, en cambio, una vida común y corriente, atravesada por problemáticas típicas de una edad, una época y un entorno.

Dadas estas características, el largometraje es poco recomendable para quienes estén cansados de las historias «donde no pasa nada» («nada del otro mundo», habría que especificar), y en cambio atractivo para quienes tengan ganas de ver una producción hecha a pulmón, con chispitas de crítica social.

En pocas palabras, Funny ha ha propone el retrato de una generación cuya abulia por momentos resulta graciosa y por momentos, irritable. Algunos, quizás, corran serios riesgos de sentirse identificados.