Fobia telefónica

Siempre hay alguien peor que unoDejando de lado las interpretaciones cínicas sobre marketing empresarial, la nueva campaña de Telecom “Recuperemos la conversación” puede resultar muy loable. O al menos muy pertinente en un mundo cada vez más sumido en el limitado lenguaje de los SMS, la mensajería instantánea y el correo electrónico. Sin embargo -estoy segura- el comunicado institucional no hace mella en quienes padecemos la (¿irremediable?) fobia telefónica.

Aquí no me queda más remedio que escribir a título estrictamente personal, con la ilusión de ser un caso extremo en la historia del mayor invento grahambelliano (mil disculpas por el neologismo). Es que, dicho mal y pronto, detesto el teléfono así como su versión más moderna, el celular.

Con esta confesión, no pretendo descalificar un aparato y un sistema que a todas luces ofrecen interesantes ventajas, especialmente cuando de urgencias y de distancias se trata. El problema aparece cuando el dichoso ring(tone) se convierte en un sonido cotidiano, omnipresente, intrusivo, avasallante.

Los síntomas de aversión se incrementan cuando la irrupción de los llamados impide el normal desarrollo de una conversación cara a cara, o cuando casi todas las noches una voz engolada -a veces grabada- pretende vendernos tal o cual servicio o candidato, o nos solicita responder una encuesta.

Y qué decir cuando un desconocido marca nuestro número por error y, al darse cuenta de la confusión, nos corta en seco sin siquiera pedirnos perdón, así sean las tres de la mañana. O cuando somos víctimas de algún colega, amigo o pariente verborrágico que nos deja la oreja y las neuronas ardiendo después de una hora -en ocasiones más- de monólogo circular.

Por otra parte, tampoco es grata la contracara de semejante saturación. Me refiero a ese teléfono o celular callado, insonoro, cómplice de quien eligió no llamarnos -por lo tanto no hablarnos- nunca más.

La fobia aquí descripta sólo se aplaca ante las gratas sorpresas de larga distancia, o ante esa único e irreemplazable tubazo añorado. El resto es abrumador ruido o implacable silencio. Dos polos difíciles de manejar.

Publicado por

María Bertoni

Nací en la Ciudad de Buenos Aires, el 13 de septiembre de 1972. Trabajo en el ámbito de la comunicación institucional y de vez en cuando redacto, edito, traduzco textos por encargo. Descubrí la blogósfera en 2004.

7 thoughts on “Fobia telefónica

  1. No, no creo que seas la única. Yo soy también bastante fóbica a hablar por teléfono. Prefiero mil veces el cara a cara o escribir.
    Saludos!

  2. Bueno, creo que a mí me pasa con casi todas estas innovaciones tecnológicas y no puedo lograr adaptarme a los cambios tan rápidos. Por ejemplo: era feliz (y todavía lo soy) escribiendo cartas en puño y letra. Obviamente con el e-mail cambiaron bastante las cosas, pero si uno quiere, puede seguir manteniendo un formato de carta y explayarse. Con lo que no puedo y hasta lo desprecio, es con el chat. Me parece poco productivo, entablar una conversación se convierte en una odisea para mi porque estoy acostumbrada a escribir largo y tendido… y con en el chat la idea es ser un poco más conciso, hacer oraciones cortas y no demorar tanto, no?? jajaja, no puedo… y eso de usar las k en lugar de las q y que pongan sz cuando no saben cómo se escribe la palabra…. me enferma!!! y eso que no soy tan vieja!!!
    Del teléfono tampoco fui muy amiga, pero lo prefiero al chat!! Y al celular recién lo consideré en el 2005, hice un pequeño gasto ($140) y compré el fabuloso aparato de la linternita. Sencillito pero útil en ese momento que viajaba tanto.

  3. Coincido, Ana. El lenguaje chatero -y el del SMS- puede resultar irritante, o al menos no apto para quienes preferimos escribir largo y tendido. 😉

  4. Me gusta el teléfono como herramienta, no puedo negar que me ha sido de mucha utilidad de un tipo o del otro; en especial en la distancia, cuando es el único vínculo ‘directo’ que tengo con mi madre, por ejemplo.

    Pero me confieso también víctima de esta fobia, supongo que debido a mi timidez, o tal vez ¿será hereditario? mi mamá -sin importar lo mucho que nos extrañemos- siempre me deja con la palabra en la boca cuando intento comenzar la despedida jejeje… (me han dicho que soy igual, tan pronto escucho ‘bueno…’ es casi un reflejo inmediato para mí colgar el auricular).

    El problema de la timidez empeora si se trata de hablar por el bendito aparato en una lengua que no sea la materna. Es terrible no poder ‘ayudarse’ con los gestos, perderse los guiños…

    Además, coincido totalmente con Ana en lo que se refiere a la manera de escribir en el chat o por mensajes de texto. Confieso que me cuesta dejar de escribir una tilde, creo que se me podrían caer los dedos si escribiera una ‘k’ en lugar de una ‘c’… sí, soy una ‘nerd’.

    Felizmente, tenemos la escritura 🙂

    Saludos :-*

  5. ¡Pati @-;–! Tu anécdota sobre el corte abrupto me causó mucha gracia. Una amiga de la familia hace exactamente lo mismo: siempre deja a sus interlocutores con la palabra en la boca. ¡¿¿¿Cómo hacen para colgar tan rápido???!

    Me pasa lo mismo que señalan vos y Ana respecto del el chat y los mensajes SMS. No puedo escribir sin tilde, y detesto la sola idea de reemplazar las C o las QU por las K. Sí, en cambio, soy bastante adicta a los smileys. Se nota en el blog y en los comments que dejo por ahí. >>> 😳

    Dicen los que saben que hay tres pruebas de fuego que en principio demuestran el excelente manejo de un idioma extranjero:
    1.- Soñar en ese idioma, igual que cuando soñamos en el nuestro.
    2.- Poder/saber enojarse en ese idioma
    3.- Poder/saber hablar por teléfono en ese idioma, sin titubeos.

    Como bien señalás, la timidez también incide. Al menos a mí también me juega en contra, sobre todo en mi(s) primera(s) conversación(es) telefónica(s) con alguien que no conozco muy bien.
    Qué manera de sufrir… 😉

    Un saludito.

  6. No padezco fobia telefónica, aunque tampoco soy un gran conversador. En cuanto a los celulares, soy de los que tardan media hora en enviar un mensaje porque abro y cierro los signos de admiración/interrogación, pongo acentos, mayúsculas, etcétera. En eso sí soy medio obsesivo, pero por ahora la cuestión no llegó al diván.

    Salu2! 😀

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