El verano de Clara

El verano de ClaraAl margen de algunos aspectos cuestionables, El verano de Clara es una propuesta interesante en términos sociales o culturales antes que meramente cinematográficos. De hecho, ésta es una película hecha para televisión que, en contra de ciertas reticencias catódicas, se atreve a abordar el despertar (homo)sexual de una adolescente.

El telefilm que el francés Patrick Grandperret dirigió en 2002 nunca llegó a nuestras salas, mucho menos a nuestra pantalla chica. Probablemente nuestros distribuidores y gerentes de programación hayan preferido ignorarlo por temor a las reacciones adversas de un público local en su mayoría pacato e intransigente.

Es una lástima, porque el guión de Nathalie Stragier no pretende provocar, mucho menos escandalizar. Al contrario, esta producción se caracteriza por la naturalidad y el respeto con los que muestra las inquietudes, los miedos, las contradicciones, las decisiones de la protagonista.

Sin dudas, este trabajo tiene una intención pedagógica que apunta básicamente a combatir los prejuicios homófobos y a trasmitir el principio de diversidad sexual. Desde esta perspectiva, las vacaciones en un campamento para jóvenes se convierten en el contexto ideal donde ambientar las primeras experiencias amorosas típicas de la adolescencia.

A la película se le podrá achacar una excesiva prepocupación por transmitir mensajes gay friendly, y un desenlace apresurado, incluso algo forzado. Sin embargo, en parte gracias a las convincentes actuaciones de Selma Brook, Stéphanie Sokolinski y Salomé Stévenin, el saldo se mantiene positivo.

Por lo pronto, El verano de Clara sienta un buen precedente que, desde un punto de vista optimista, puede interpretarse como un avance saludable para la a veces tan estrecha mentalidad televisiva.