Corazones

CorazonesPocos lo ignoran. Alain Resnais es un referente obligado de la nouvelle vague y el director de -a mi juicio- el mejor documental sobre la barbarie nazi. Con estos antecedentes, es entendible la repercusión que el estreno de Corazones tuvo entre los espectadores francófilos.

Después de todo, son muy pocos los cineastas octogenarios que siguen filmando, experimentando, apostando. En este caso, la apuesta es doble porque, por un lado, pone a prueba el ejercicio de adaptación (cabe aclarar que esta película retoma la obra de teatro Private fears in public places, del británico Alan Ayckbourn) y, por otro lado, porque se atreve a explotar el relato coral (recurso muy utilizado en este último tiempo).

Los resultados son, lamentablemente, irregulares. A favor, están las actuaciones de Sabine Azéma, Laura Morante, Pierre Arditi, Lambert Wilson, André Dussollier, y ciertos pasajes del film (por ejemplo, la solución que Charlotte implementa para apaciguar al padre de Lionel).

Entre los desaciertos, se encuentran los cruces narrativos predecibles y un despliegue alegórico algo trillado. La nieve omnipresente y el costado «oscuro» de la religiosidad son las pruebas más evidentes.

Por otra parte, da la sensación de que Resnais no puede desprenderse del formato teatral. De ahí que, por momentos, su largometraje adopte un ritmo cansino y resulte demasiado largo, incluso claustrofóbico.

Dadas estas características, Corazones se convierte en una de esas películas que elegimos ver por fidelidad, y que sólo osamos recomendar a quienes comparten un sentimiento de admiración a prueba de estrenos anodinos, títulos menores que también integran el abanico de una gran trayectoria.