Flandres

FlandresLa frase puede sonar pretenciosa pero la escribo igual: Flandres propone un retrato del amor, la locura y la guerra. Así de enorme es la película de Bruno Dumont. Enorme no como equivalente de aparatosa, sino como sinónimo de profunda, brutal e imponente. Enorme porque, después de verla, resulta imposible desentenderse de su existencia.

Flandres es una región de Francia, situada al norte del país, una de las más pobres (pobres en términos europeos), predominantemente agrícola, poblada por campesinos de pocas palabras. El film es igualmente crudo, sobrio, ascético; sus personajes hablan lo estrictamente necesario. Sin embargo, la contundencia de los silencios y la elocuencia de las imágenes señalan una realidad aplastante.

Esta realidad se encuentra ligada a lo más primitivo de nuestra condición humana, por momentos a lo más bestial. La distancia entre ambas nociones es la que recorre el taciturno Demester (excelente, Samuel Boidin) cuando deja su granja para trasladarse al Golfo Pérsico como soldado de la OTAN.

Medio Oriente aparece en tanto reflejo distorsionado de Flandres, porque en definitiva todo conflicto bélico genera un reflejo distorsionado -el más abyecto- del hombre. Aún fenómenos tan universales como el amor y la locura cambian, adquieren otra dimensión en uno y otro escenario.

Dumont sabe transmitir el horror de la guerra sin necesidad de recurrir a la parafernalia militarista de otros largometrajes. De hecho, al director francés le basta seguir a un grupo de seis hombres abandonados en el desierto para recrear un verdadero descenso a los infiernos.

En un mismo sentido, su aproximación a las relaciones sentimentales/sexuales y a la insania mental prescinde de grandes gestos y de grandes palabras. Probablemente por eso, la conmoción que sufrimos los espectadores nos llega de una manera tan directa y profunda.

Cada vez más limitada por la oferta de las mega distribuidoras estadounidenses, la ciudad de Buenos Aires proyecta Flandres únicamente en el cine Cosmos. Por favor, que esta lamentable demostración de exclusividad (¿de exclusión?) no sea un impedimento para ir a verla.