Hollywood (a)político

Porque Barbra Streisand y Robert Redford me caen bien; porque considero que sus personajes Katie Morosky y Hubbell Gardner hacen linda pareja; porque tengo debilidad por los amores entre polos opuestos; porque me fascina la escena donde él le ata el cordón de los zapatos a ella, por alguna razón que desconozco, Nuestros años felices (prefiero el título original, The way we were) es otra película que miro cada vez que la pasan en TV.

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The way we were, Nuestros años felices o Tal como éramosHace días enganché el discurso que Katie pronuncia en un campus universitario para reclamar un mayor compromiso con la paz mundial. Inscripta en las filas del Partido Comunista norteamericano, esta estudiante exige al gobierno de los Estados Unidos que denuncie las iniquidades cometidas por Franco en España y Hitler en Alemania.

Es una pena que el discurso no figure en IMDb. De manera deliberada o por casualidad, los diálogos transcriptos remiten al costado más romántico del film.

De contar con el texto de esa «convocatoria de barricada», sería interesante analizarlo como referente de un Hollywood bastante distinto al actual, al menos más osado. Después de todo, estamos ante un guión cuya protagonista es vocera del campo adversario, por no decir enemigo.

Es cierto. Sydney Pollack dirige este film en 1973, época en que la guerra fría entre USA y la entonces URSS atraviesa una etapa más distendida. También es cierto que Katie le exige a su país un gesto que desde cierta perspectiva puede sonar a intervencionismo (basta con reemplazar a Franco y Hitler por Hussein e imaginar un pedido de invasión a Irak).

Sin embargo, el guión de Arthur Laurents sólo parece apropiarse del estilo propagandístico de Hollywood para ensayar un mensaje no tan pro-yankee. Por lo pronto, existe una intención crítica escudada detrás de la incompatibilidad ideológica que afecta a la pareja protagónica. 

Por un lado, el personaje interpretado por Redford, el cuento que escribe para una materia de la facultad, su proyecto de convertirse en guionista cinematográfico remiten a un prototipo ideal de ciudadano norteamericano: hombre WASP*, buen mozo, exitoso, favorecido por el american way of life, indiferente a la realidad política y social circundante.

Por otro lado, Streisand representa la antítesis de ese modelo. De hecho, además de comunista, es judía, feminista y muy combativa (también admira a Roosevelt, detalle que la aparta del estereotipo rojo más radical).

Hace algunos días, mientras escuchaba el discurso militante de Katie/Barbra, mi memoria repasaba los títulos más recientes de Hollywood -producciones que acusaran diez años a lo sumo- en busca de alguna otra película romántica dispuesta a girar en torno a planteos políticos. A pesar del esfuerzo, el intento fue infructuoso: por lo visto, en la industria cinematográfica de la era Bush tampoco hay espacio para la discrepancia ideológica.

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* WASP son las siglas para identificar a los blancos anglosajones protestantes, White, AngloSaxon, Protestant en inglés.