El cactus

El cactusA lo mejor, con un guión más «afilado», El cactus podría destacarse como comedia. En definitiva, la idea de un hipocondríaco que se cree al borde de la muerte suele rendir sus buenos frutos (pregúntenle a Molière, sino). Es una pena que a la película dirigida por Gérard Bitton y Michel Munz le falten algunos ajustes narrativos; ante esta carencia sólo podemos reírnos en contadas ocasiones.

Los mencionados ajustes narrativos tienen que ver sobre todo con el manejo de los tiempos, con la decisión de invertir demasiado celuloide en situaciones de por sí elocuentes. Este exceso de atención aparece al principio del film, en la presentación del quejoso y obsesivo Sami, y en algunos sketches enmarcados por la travesía que el protagonista emprende junto a su amigo de la infancia, Patrick.

A propósito o de manera involuntaria, el film retoma ideas de comedias célebres. Por un lado, la desilusión del protagonista tras confirmar que goza de buena salud nos hace pensar en aquel Mickey Sachs que Woody Allen encarnó en Hannah y sus hermanas. Por momentos, la dupla conformada por Sami y Patrick parece inspirada en la extraña pareja inmortalizada por los inolvidables Jack Lemmon y Walter Matthau.

No obstante, más allá de un guión cuestionable, la película logra sostenerse gracias a las actuaciones de Pascal Elbé y Clovis Cornillac, y de algunos gags que logran arrancar carcajadas (por ejemplo la desopilante conversación telefónica entre el jefe de una empresa y un mono).

Por estos aciertos excepcionales, El cactus se deja ver. Evidentemente los hipocondríacos nunca desencantan del todo.