Contacto

ContactoAquí en Argentina la expresión «siempre hay un roto para un descosido» pretende que todos -todos sin excepción- tenemos una alma gemela esperándonos en algún lugar. La frase viene como anillo al dedo para resumir la idea central de Contacto, coproducción germano-macedonia que cuenta la entrañable historia protagonizada por un ex convicto y una joven recién salida de un psiquiátrico.

Quienes estén cansados de los affaires entre personajes atractivos y consagrados encontrarán en este largometraje co-escrito y dirigido por Sergej Stanojkovski una visión menos «publicitaria» del amor. Publicitaria en un sentido estético, incluso narrativo; por supuesto, por tratarse de una película romántica, los servicios de Cupido son promocionados, aunque de un modo menos estereotipado o, mejor dicho, sin los estereotipos de Hollywood.

Fiel a su género, este film también reúne a sus protagonistas en condiciones desfavorables; los acerca; los junta; los enfrenta; los separa y vuelve a juntarlos con una promesa de felicidad. Lo distintivo de esta propuesta pasa por la composición de ciertas situaciones y de los personajes.

Decididamente, a Zana y a Janko no podrían interpretarlos Angelina Jolie y Brad Pitt. Ella tiene un rostro consumido, melancólico, modiglianesco (perdón por el neologismo); él es gordo, de pelo negro, con una incipiente calvicie. A ambos les falta sex appeal/glamour; en cambio les sobra humanidad.

Por suerte, los desconocidos Labina Mitevska y Nikola Kojo son capaces de transmitir esa humanidad, esa carnadura que nos es propia y que poco tiene que ver con cuerpos ejercitados, cabellos teñidos y rostros retocados. De hecho, la cámara de Stanojkovski se detiene en las miradas y en las manos de los protagonistas; rara vez en sus labios, jamás en sus músculos.

Contacto conmueve entonces por partida doble. Primero, porque les da existencia a dos anti-héroes entrañables, excluídos de ese otro cine que tanto miramos. Segundo porque, de una manera tibia y afable, logra convencernos de que efectivamente el amor también salva a rotos y a descosidos.