Duele todavía

Dibujo de autor desconocido, extraido del blog Difusión LibertariaDuele todavía. El tiempo no mata al dolor. A lo sumo, lo debilita, lo avejenta, lo amortaja. Pero no lo ultima, no lo asesina, no lo aniquila. No lo momifica, no lo incinera, no lo pulveriza. No lo barre, no lo entierra.

Duele todavía. La resignación no borra el dolor. Lo niega, lo acobarda, lo paraliza; por momentos lo espanta. Pero no lo vence ni lo erradica.

En ocasiones el dolor se aburre, se harta, se distrae, se aleja. Amaga con irse; simula el abandono. Pero al rato regresa. Merodea, se acerca, curiosea, interpela, amenaza, pasa, arremete, se instala, se impone, se adueña.

Cada tanto, el dolor se adueña de mi anatomía. La recorre, triunfante. Baila con el corazón, el estómago, las neuronas, la espalda. Patina sobre los jugos gástricos, al compás del silbido bronquial y del espasmo visceral.

Duele todavía. El dolor sabe a fruta amarga, ácida o rancia. Los recuerdos de una memoria piadosa podrán edulcorarlo, pero nunca endulzarlo. De ahí el gusto metálico en el paladar. De ahí la sequedad en los labios.

El dolor se viste de pena, de bronca, de nostalgia, de indiferencia. Y aún cuando se viste de seda, dolor queda… y quema todavía.