Venus

VenusExisten tres razones fundamentales para recomendar Venus. La primera: asistimos a las excelentes interpretaciones de señores actores como Peter O’ Toole, Leslie Phillips, Richard Griffiths y Vanessa Redgrave. La segunda: escuchamos un inglés británico absolutamente delicioso. La tercera: comprobamos cuán equivocada está la sociedad cuando reduce la vejez a un estado de impotencia total.

Como la francesa El placer de estar contigo y la argentina Besos en la frente, la película dirigida por Roger Michell (¿se acuerdan de Notting Hill?) también incursiona en el amor, en la atracción física, que una persona mayor puede sentir por alguien muchísimo menor. Pero en este caso la aproximación es más cruda, más ácida, en ocasiones menos romántica.

De hecho, la relación entre Maurice (¿hace cuánto no lo veíamos a Peter O’Toole?) y Jessie (Jodie Whittaker, todo un descubrimiento) dista de ser idílica. El condimento en principio anacrónico hace que esta unión se base por momentos en una suerte de negociación utilitaria, para nada inocente.

Por supuesto, también existen otros condimentos ligados al afecto, a la empatía, a la admiración, a la solidaridad. En este sentido, cabe elogiar el guión de Hanif Kureishi, capaz de recrear las distintas aristas de un vínculo sin caer en estereotipos ni en absurdas moralinas.

En última instancia, los prejuicios quedan del lado del espectador. Será de nuestra exclusiva responsabilidad la reacción de desagrado y desaprobación.

Por su tono intimista, Venus podría adaptarse perfectamente a una obra de teatro. Aunque varias escenas fueron filmadas en exteriores, la historia de Maurice y Jessie tiene escasa relación con el afuera, en definitiva, con un mundo incapaz de comprender -aún menos aceptar- cualquier amor que ose desafiar la tiranía de la supuesta «normalidad».