Caminando sobre el agua

Caminando sobre el aguaProbablemente los espectadores escépticos encuentren que Caminando sobre el agua es una propuesta edulcorada, por no decir inverosímil. Desde esta perspectiva, cuesta creer que un agente del Mossad pueda congeniar con un ciudadano alemán nieto de un jerarca nazi. Sin embargo, al relato escrito por Gal Uchovsky y filmado por Eytan Fox no hay que tomarlo al pie de la letra, sino interpretarlo como una invitación a analizar el destino de un pueblo que
-paradojas de la Historia contemporánea- inflige en el presente un sufrimiento similar al que padeció en el pasado.

Por las escasas películas que llegan a Buenos Aires desde Tel Aviv, da la sensación de que existe un grupo de cineastas israelíes dispuestos a cuestionar el poder que su país ejerce en la región, sobre todo con los palestinos. La novia siria es otro ejemplo de este fenómeno cultural.

Aunque sin la poesía del largometraje de Eran Riklis, Caminando sobre el agua vale por su franqueza a la hora de abordar temas tan urticantes como la condición de víctimas/victimarios y la elaboración de los duelos históricos. En este sentido, el personaje interpretado por Lior Ashkenazi reúne las características de quien reconoce el prejuicio, la discriminación, la violencia en naciones ajenas pero nunca en la suya propia.

Resulta interesante la línea espacio-temporal que Uchovsky y Fox trazan entre la Alemania de los años ’40 y el Medio Oriente actual. La continuidad que sugieren no es la habitual (víctimas del Holocausto convertidas en víctimas del terrorismo árabe) sino una más compleja y polémica (víctimas del Holocausto convertidas en verdugos obsesionados por principios territoriales).

De esta manera, el film plantea su principal hipótesis: la relación que establecemos con el pasado determina nuestra inserción en el presente.

Es cierto. El desenlace de Caminando sobre el agua parece inspirado en un cuento de hadas antes que en la cruda realidad. No importa. La película de Uchovsky y Fox cautiva por su condición de fábula, como ejercicio de reflexión histórica y como apuesta a un futuro mejor. Después de todo, por qué no permitírselo cuando estamos ante un título que alude a un famoso milagro.