Bouillon de culture

El logo de Bouillon de CultureSon pocos los televidentes argentinos familiarizados con Bouillon de culture. A lo sumo, los adeptos a TV5 habrán visto este programa que la televisión francesa supo dedicarle a la literatura mundial. En cambio, es probable que varios compatriotas hayan escuchado el nombre de su conductor Bernard Pivot en boca de James Lipton, anfitrión de Inside the Actors Studio, ciclo de «charlas cinematográficas» con mayor repercusión entre los clientes de la TV por cable local.

De hecho, el director de la Actors Studio Drama School de Nueva York siempre tiene la deferencia de mencionar a Pivot como legítimo autor del cuestionario que cierra las entrevistas realizadas a estrellas de Hollywood. Esa misma serie de preguntas y respuestas con las que el crítico literario de Lyon sorprendía a los invitados del programa que mantuvo al aire entre 1990 y 2001.

En francés «bouillon» significa «caldo», así que la traducción de esta emisión sería «caldo de cultura», aunque también podría elegirse una opción más arriesgada: «caldo de cultivo». Interpretaciones aparte, lo cierto es que la propuesta fomentaba el amor por los libros -a veces por el cine y la cocina- no desde el ademán intelectual, sino desde la pasión por la lectura/escritura.

Al margen del breve y ocurrente ping-pong que Lipton hizo famoso, las preguntas de monsieur Bernard reflejaban las inquietudes y el interés de un lector ávido, curioso, fascinado por el mundo de las Letras. A diferencia de la actitud que adopta(¿ba?) Osvaldo Quiroga en El refugio de la cultura o que asumen otros críticos autóctonos, Pivot evitaba los pedestales y tarimas, y les concedía todo el protagonismo a sus invitados.

Bernard PivotNo recuerdo haberlo visto descalificar -mucho menos maltratar- a algún escritor. Y que se entienda bien: la amabilidad con la que el conductor francés abordaba a sus entrevistados no era sinónimo de obsecuencia, o de falta de espíritu crítico. Al contrario, si algo caracterizaba a Pivot era la rigurosidad y la pertinencia con las que hacía sus preguntas y eventualmente comentaba los libros tratados.

Para televidentes que oscilan entre canales cada vez más tinellizados y reductos catódicos montados por academicistas, Bouillon de culture corre el riesgo de sonar a propuesta sin asidero. Sin embargo, a seis años de su última temporada, aún hoy sigue siendo un referente vigente para quienes creemos que la TV no es sinónimo obligado de «caja boba».