El fracaso

El fracaso es estoEn las escuelas, en los colegios, en las universidades, las leyendas proliferan. A veces se heredan de camada en camada. Algunas nos acompañan aún después de recibidos, en plena vida adulta. De mis años de secundario, recuerdo una en particular…

Era infalible. La anécdota cobraba fuerza en época de exámenes. Siempre había ocurrido «poco tiempo atrás», como si la alusión a un pasado reciente fuera garantía de veracidad, como si existieran más chances de que lo ocurrido pudiera repetirse en un presente arrasado por la incertidumbre.

Al parecer, sucedió en un examen escrito -¡final y decisivo!- de Filosofía de quinto año. «¿Qué es el fracaso?», cuentan que preguntó el sádico profesor para luego aclarar que ése sería el único tema de evaluación.

Enseguida, los alumnos se apresuraron a combinar reflexiones personales con citas de autores varios y teorías de distintas disciplinas. Salvo un muchacho: un temerario, un provocador, tal vez un resignado. «El fracaso es esto» escribió, y dejó el resto de la hoja en blanco. Y así, casi vacía, la entregó.

A esta altura del relato, era costumbre hacer una pausa. El silencio anunciaba el esperado desenlace, es decir, que aquel temerario, provocador o tal vez resignado no sólo aprobó el examen; fue el único en obtener la nota más alta.