El capo

El capo, mafioso contra su voluntadHace tiempo venía postergando la redacción de una reseña sobre El capo, comedia que Telefé puso al aire a mediados de mayo y que -según informaron los medios– finalizará mañana viernes abruptamente, por decisión del mismo canal. Al parecer la tira nocturna (que después se trasladó al mediodía) nunca alcanzó el rating esperado y, peor aún, generó más costos que ganancias. Conclusión: otro programa expulsado de la televisión local.

Tarde entonces, publico este post sobre una propuesta en principio interesante pero en definitiva desaprovechada. Es que lo que empezó como comedia prometedora (el título completo aludía a los avatares de «un mafioso contra su voluntad») terminó convirtiéndose en engendro melodramático con algunos esporádicos toques de humor.

Por momentos, el guión de Adriana Lorenzon y Marcelo Camaño pareció inspirarse en Analízame, película que también relató las desventuras de un gangster renegado. Claro que a Omar Yariff y Paul Vitti los separaban unas cuantas diferencias. Entre ellas, la ausencia/presencia de un objetivo certero.

Dicho de otro modo, mientras el film de Harold Ramis se conformaba con hacernos reír poniendo en ridículo el comportamiento y los códigos de un mafioso enfermo de depresión, la telenovela producida por Telefé Contenidos apostó a una mezcolanza tragicómica que bien podríamos definir con la conocida expresión «ni chicha ni limonada».

De ahí que a Miguel Ángel Rodríguez se lo viera tenso, incómodo en los zapatos de un personaje ajeno al prototipo grotesco que este actor suele encarnar. De ahí que Roberto Carnaghi oscilara entre una réplica del temible Lisandro de Montecristo y un solapado homenaje al simpático rey de los corruptos que acompañó a Tato Bores durante años.

Es posible que la serie también haya hecho agua por haber convocado a un elenco demasiado vasto y heterogéneo, incluso incompatible. Si hasta dio la sensación de que lo que primaba era la necesidad de renovarles el contrato a figuritas del canal (tengamos en cuenta que, por ejemplo, el mencionado Carnaghi y Maxi Ghione se desocuparon una vez terminado Montecristo; lo mismo sucedió con los hermanos Lopilato después de Casados con hijos, y con Hugo Arana y Claudia Lapacó después de Resistiré).

No obstante, más allá de los aspectos cuestionables, el cierre apresurado de El capo deja un sabor amargo. Como todo final abrupto, forzado, inconsulto. Como toda promesa alentadora que termina cayendo en saco roto.