300

300, de Zack SnyderLa cosa es más o menos así… En 480 AC, trescientos guerreros espartanos conducen la denominada «Batalla de las Termópilas» contra el aplastante ejército del imperio persa (según las distintas fuentes historiográficas, el número de soldados varía entre 250 mil y un millón). Unos cuarenta años más tarde, el célebre Heródoto se encarga de reivindicar el episodio y de incluirlo en su monumental obra Historiae. En 1962, alrededor de 24 centurias después, Rudolph Maté filma Los 300 espartanos, primera adaptación cinematográfica de la -a esta altura mítica- epopeya. Pasan otras tres décadas, y el controvertido Frank Miller publica la historieta 300 en homenaje a la película que tanto lo marcó cuando era chico. Por último, en pleno siglo XXI, Hollywood presenta su nueva y tecnologizada versión de los hechos.

Pensándolo bien, cuesta hablar de «hechos» cuando transcurrieron 2500 años desde el sanguinario enfrentamiento, y cuando la película de Zack Snyder se basa en la recreación de una recreación de una recreación de una recreación. Por lo tanto, cuestionar que los guerreros inspirados en un comic nunca trastabillan con sus largas capas rojas equivale casi-casi a reprocharle a Heródoto que haya exagerado la cantidad de enemigos.

Como otras megaproducciones con pretensiones históricas, ésta también prueba lo que muchos sabemos: que Hollywood es un instrumento de propaganda. Llama entonces la atención que tantos críticos y espectadores se hayan rasgado las vestiduras ante el (posible) paralelismo que existe entre los antiguos malvados persas y los actuales malvados iraquíes o, entre el discurso libertario de Leónidas y el discurso del ultra democrático George W. Bush.   

300, de Frank MillerAl leer ciertas reseñas, podríamos creer que Snyder traicionó una sólida tradición de rigurosidad metodológica y de honestidad intelectual. Sin embargo, basta con repasar determinados films y series de televisión para constatar que el tamiz ideológico de 300 dista de ser singular, o exclusivo.

Resignada ante lo que me permito llamar «taras de rigor», prefiero abandonar el terreno de las interpretaciones histórico-políticas, y abordar virtudes y defectos más ligados al interés propiamente cinematográfico. Sin dudas, entre las primeras figura la innegable capacidad para trasladar el espíritu de la historieta al celuloide. De ahí que, gracias a la pantalla azul y a la animación por computadora, las acciones de ataque y defensa resulten descomunales.

La estética del comic irrumpe entonces con todo su esplendor. Entre las escenas más impactantes, me quedo con la que muestra al rey Leónidas crucificado por las flechas enemigas. Entre los personajes, elijo a Efialtes y a Jerjes, ambos más cerca del mito que de la Historia oficial.    

Además de efectos especiales, 300 derrocha testosterona. Los cuerpos de los actores/soldados, la voz del mencionado Jerjes, la revindicación del poder monárquico, de la patria (en tanto derivación de pater), del arte bélico, de la temeridad despliega un erotismo contundente. El halo masculino es tal que la única mujer en escena (en realidad no es la única pero sí la más importante) se jacta de un único privilegio: el de engendrar hombres espartanos.

Los 300 espartanos, de Rudolph MatéEntre los defectos, existen ciertas fallas de guión que hacen que la película se haga demasiado larga, incluso aburrida. Por momentos, da la sensación de que Snyder abusa de recursos ya conocidos (registros en cámara lenta y coreografías de combate entre otras novedades importadas desde el Lejano Oriente) y de parlamentos trillados y redundantes. Sin embargo, nobleza obliga, también debe reconocerse que el DVD no es el formato más recomendable para disfrutar de semejante parafernalia visual.

Quizás 300 valga como referente de un cine «espectacular» en el sentido original del término. También como prueba irrefutable de los avances de una tecnología cada vez más certera a la hora de estimular nuestros sentidos. En cambio, como recreación histórica, como fábula sobre la libertad y el honor, la película de Zack Snyder corre serios riesgos de decepcionar.