Shakespeare: 1 – Cervantes: 0

Por las dudas, antes de darle rienda suelta a la santa indignación, consulto el sitio web de la Real Academia Española y descubro en contra de mis convicciones que la palabra Locación efectivamente existe en castellano. Pero atención: según la versión online del distinguido diccionario español, el sustantivo significa «arrendamiento» o «contrato de arrendamiento de obra», y se encuentra íntimamente ligado al campo lexical del Derecho.

Lo cierto es que, en la práctica cotidiana, fuera del ámbito leguleyo, el uso que suele hacerse de este vocablo es en general incorrecto. Por lo pronto, las «locaciones» donde los directores de cine filman sus películas son en realidad «lugares», «ciudades», «paisajes», «escenarios».

En este caso, el error cometido es lisa y llanamente un anglicismo, posible consecuencia de aquella maternidad lingüística que discutimos meses atrás en Espectadores. De hecho, pocas cosas tan cómodas -o al menos tan espontáneas- como traducir «locaciones» en tanto equivalente de «locations«.

¡La palabra LOCACIONES en un texto sobre Cervantes!

Toda esta introducción para por fin expresar mi sorpresa después de leer un artículo que el suplemento literario de Página/12 publicó el domingo pasado. El autor no identificado revela primicias relacionadas con la obra de Sir William Shakespeare y de don Miguel de Cervantes Saavedra (¡menudos nombres!) y -oh sacrílego- emplea el bendito término en el sentido inglés.

«Y hay más sobre el Quijote«, anuncia el redactor fantasma. «Se sabe que aquel memorable comienzo (“En un lugar de la Mancha de cuyo nombre no me quiero acordar” *) dejaba en el plano de la indeterminación las locaciones por las que se moverían los personajes de la novela…».

Quizás para muchos ésta sea la reacción exagerada de una lectora quisquillosa. Quizás algunos sonrían ante la evidencia de otro desliz periodístico. Por su parte, quien suscribe elige quedarse con su santa indignación, y con la repentina idea de modificar levemente el título del artículo comentado: Shakespeare: 1 – Cervantes: 0.
 
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* Otra observación quisquillosa.
El «no me quiero acordar» es un argentinismo. La frase exacta es «En un lugar de la Mancha de cuyo nombre no quiero acordarme«. Aquí no sólo se incurrió en un desliz gramatical; también se adulteró una (re)conocida cita. 🙁
¡Caramba! Nada más y nada menos que en un suplemento literario…