XXY

Tres comentarios antes de reseñar XXY.

1.- Pobre Lucía Puenzo. El apellido, su condición de “hija de…“, la arrojan directamente a las fauces de los críticos ególatras, pretendidos profesionales que se amparan en una corte de aduladores para -con el desdén habitual- endilgarle al trabajo ajeno taras propias: prejuicios varios, interpretaciones maniqueas, falta de sensibilidad, miopía intelectual.

2.- A los argentinos suele costarnos encontrar un término medio. No me refiero a una postura híbrida, desapasionada, indiferente, sino a un ejercicio mental que nos permita analizar los distintos aspectos -eventualmente los pro y las contra- de un fenómeno, de una tendencia, de una obra.

3.- Quizás debido a lo expuesto en el punto anterior, las películas nacionales distinguidas en el exterior suelen provocar dos tipos de reacción radicalmente opuestos: o bien son elogiadas sin decir ni “mu” por respeto al dictamen extranjero, o bien son vapuleadas con vehemencia, entre otras cosas porque se sospecha que detrás del reconocimiento se esconden intereses (políticos y/o comerciales) ajenos -incluso contrarios- al mero interés cinematográfico.

Ahora sí, la reseña…

XXYA pesar de algunos aspectos cuestionables, XXY es una propuesta interesante. Primero, porque aborda con respeto y sensibilidad un tema delicado, urticante, polémico que los argentinos preferimos ignorar (atención: preferimos ignorarlo cuando queda descartada cualquier posibilidad de banalización, de farandulización, de ridiculización). Segundo, porque invita a una reflexión que supera la problemática del hermafroditismo, y que apunta contra la concepción dualista (dualista en un sentido cartesiano) de nuestra existencia. Tercero, porque nos permite descubrir a la joven actriz Inés Efrón.

El dilema aquí planteado remite a la necesidad de tomar una decisión que supone una elección con consecuencias absolutas, definitorias, irreversibles y que en principio garantiza una suscripción a la normalidad. A una normalidad constituída según pares de opuestos (varón/mujer; homosexual/heterosexual; sano/patológico; natural/monstruoso) y legitimizada por esa entelequia llamada “Sociedad” (nótese la inicial mayúscula).

De una u otra manera, la elección de Álex afecta a su entorno, y por lo tanto desencadena otras elecciones que también señalan la existencia de otros pares opuestos igualmente transgredibles: secreto/revelación; protección/exposición; libertad/imposición.

En su intento por desentrañar este panorama repleto de antagonismos, el guión de Puenzo por momentos desarrolla una mirada igualmente bidimensional que le quita profundidad al relato. Por ejemplo, el cirujano interpretado por Germán Palacios carece de relieves; parece creado pura y exclusivamente en tanto vocero de quienes dictan lo que es (a)normal. 

En este punto, cabe preguntarse qué habría sucedido si la guionista y directora hubiera prescindido de la pareja compuesta por Ramiro (Palacios) y Erika (Carolina Pelleritti), y si se hubiera concentrado en el drama familiar que afecta a Alex y a sus progenitores. Quizás habría sido menos superficial a la hora de mostrar el conflicto, el dolor que también atraviesan los padres encarnados por Ricardo Darín y Valeria Bertuccelli. Quizás habría evitado los parlamentos que pontifican sobre el qué dirán y lo que hay que hacer (pienso en la confesión de la madre de Álex a orillas del mar, o en la escena donde los personajes discuten cuándo se debe/puede empezar a tomar vino).

Como suele suceder, las limitaciones del guión repercuten en las actuaciones, sobre todo en las actuaciones de los adultos. En cambio, Inés Efrón y Martín Piroyansky saben explotar las distintas aristas de sus personajes.

No obstante, al margen de estas observaciones, XXY es un film recomendable por su osadía, y por su honestidad intelectual. Por lo pronto, vale como carta de presentación de una joven directora que -en contra de lo que sostienen sus detractores- promete superar las eventuales enseñanzas de su padre.

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PD. Posiblemente porque retoma la reconocida denominación de los cromosomas sexuales, el título de Puenzo me trajo a la mente Mi vida en rosa, película belga que también aborda el tema de la identidad sexual, aunque desde una perspectiva totalmente diferente, con un finísimo sentido del humor. Sin embargo, salvando las distancias abismales, ambos films tienen otro punto en común: la capacidad de transmitir el sufrimiento de quien no acata las combinaciones “admitidas” entre X e Y y la ferocidad de una sociedad empecinada en estigmatizar, en condenar, en castrar al distinto.

Publicado por

María Bertoni

Nací en la Ciudad de Buenos Aires, el 13 de septiembre de 1972. Trabajo en el ámbito de la comunicación institucional y de vez en cuando redacto, edito, traduzco textos por encargo. Descubrí la blogósfera en 2004.

29 respuestas a “XXY

  1. Más allá de “transmitir el sufrimiento de quien no acata las combinaciones “admitidas” entre X e Y” la película se atreve a mostrar eso que, al parecer, sigue siendo impensable: que quienes no acatamos esas combinaciones no suframos, sino que gocemos -y que gocemos de un modo tal que excede las posibilidades de quienes las acatan. Ser intersex implica ciertos riesgos -no solo los de la mutilación y la violación, sino también el del borramiento subjetivo. En nuestro lugar hablan médic*s, abogad*s, crític*s de cine… Pero también entraña ciertas posibilidades, como las del deseo no disciplinado a la historia de siempre entre hombres y mujeres, heteros y homos. De esas posibilidades habla la película. Yo sé que es difícil de aceptar que l*s “distint*s” (para usar tu palabra) la pasemos fantástico cogiendo con órganos que el resto de l*s human*s no tienen, pero qué remedio: no todo es sufrimiento en este mundo.

  2. La gente de “La lectora provisoria” es implacable con sus críticas pero no se bancan que los critiquen a ellos. Fijate, Spectatrice, que anoche tu ping fue publicado en el post Sopa de Letras pero esta mañana han decidido borrarlo.
    ¿Qué les habrá dolido más? ¿Lo de “críticos ególatras” o lo de “miopía intelectual”? La falta de sensibilidad, hasta ellos mismos la asumen. En cambio de sus prejuicios y de su maniqueismo ni se dan cuenta. 😛
    Muy buen post, y muy buen blog.
    Saludos.

  3. Me di cuenta, Sergio, y no me extraña. De hecho anoche me llamó la atención que el ping fuera publicado en un primer momento.
    Dicho sea de paso, mi opinión sobre quienes hacen La Lectora Provisoria, ya la expresé hace algún tiempo… aquí.
    Gracias por los piropos. 😉
    Saludos.

  4. Coincido con lo que escribiste sobre la película. XXY no es una joya pero tiene su parte interesante. Puenzo se anima a enfrentar los binomios que rigen nuestra cultura occidental, y a tratar un tema que los argentinos no podemos ni tolerar.

    Mención aparte para el comportamiento de La Lectora Provisoria. Estuve leyendo la crítica de Flavia y es realmente canalla. Pero más canallas son los aduladores que emiten opinión sin siquiera haber visto la película. Me llamó particularmente la atención el comentario de un tipo que no sólo no vio la película sino que desliza el rumor de que la distinción de Cannes fue comprada.

    Qué curioso. A ese comentario no tienen problema en publicarlo.

    Hubiera querido dejar este comentario en La Lectora Provisoria, pero como no tengo ganas de escribir para que después no me publiquen mejor lo dejo acá.

    Saludos.

  5. Gracias por la corrección, Spectatrice. 😳
    Ante la aclaración de Quintín, me pregunto entonces por qué el pingback habrá salido publicado en un primer momento, teniendo en cuenta que La Lactora Provisoria no opera con moderación automática. No seamos malpensados. Probablemente en ese momento no se dieron cuenta de que se trataba de un ping.

  6. Hola. Leo con frecuencia el blog y es la primera vez que escribo un comentario.
    Hay algo con lo que estoy en desacuerdo de la reseña: no creo que la película tenga demasiada osadía, ni mucho menos “honestidad intelectual”.
    Siento que más allá de la bidimensionalidad y el maniqueísmo que por momentos vuelven casi insoportable a XXY, la película desarrolla a mi entender una serie de operaciones formales excesivamente cuidadas pero innecesariamente repetidas que transimente al conjunto un clima de fría precisión y distancia.
    Y creo que la distancia emocional, lejos de ser una decisión estética de la directora, es algo que a la película se le escapa de las manos. Y coincido en esto con la crítica de Quintín, en su acertada comparación que hace de XXY con Una novia errante: mientras la última le pone sinceramente el cuerpo a aquello que decide contar, la primera parte de un “tema polémico” para luego manipular a sus personajes y situaciones de manera torpe y sin demasiada sinceridad, con el único fin de contar lo mínimamente necesario (repetido hasta el hartazgo) para culminar en la idea final de la película y todas sus ramificaciones moralistas.
    Me parece que la obviedad de metáforas y discursos que maneja la película (Darín biólogo con hija hermafrodita, por ejemplo) la alejan de cualquier pretensión de riesgo y osadía, convirtiendo los diálogos en certezas, la narración en alegoría, y todas la preguntas planteadas en respuestas políticamente correctas.
    Saludos.

  7. Para mí la osadía pasa por dos cuestiones, Hernán: la primera, abordar un tema desde un lugar distinto al que los argentinos estamos acostumbrados; la segunda, especular con la posibilidad de una tercera opción que patea el tablero de una aproximación o resolución en función de parámetros dualistas.

    En cuanto al tema de la honestidad intelectual, no creo que el esquematismo que afecta a la narración sea deliberado, sino que tal vez se deba a cierta torpeza propia de una opera prima de este tipo. Tampoco percibo distancia emocional en la caracterización que Puenzo hace de su protagonista. Creo que, como bien señala Mauro más arriba, la directora no sólo se compromete con el sufrimiento de Álex sino con su capacidad de goce desde su condición intersexual.

    La película instala preguntas, juega con opuestos (es cierto: por momentos de manera esquemática), coquetea con ciertas respuestas. Pero negarle todo mérito, definirla como manipuladora y cruel, o explicar su reconocimiento en Cannes porque compitió en una sección “que suele presentar películas deleznables” me suena a una postura tan limitada, reduccionista como la que se pretende criticar.

    Saludos.

  8. Por favor! ¿Ustedes se dan cuenta cómo hablan (escriben) sobre el tema? Y después hay quienes se quejan del “distanciamiento” de la película, pareciera que ni escribiendo fueran capaces de tocarnos, ni de lejos, con un palo!
    L*s que nacimos con un cuerpo distinto tanto al de hombres como al de mujeres no tenemos “condición”, sino cuerpo. La película intenta poner en circulación una poética y una erótica donde nuestros cuerpos no sean reducidos a un conjunto de “condiciones intersexuales”, y donde el cálculo de la capacidad para gozar que se realiza en cada caso de “normalización” genital sea puesto en jaque por ese placer sin “condición”, no taxonomizado. La película comete muchos errores, pero ustedes, aún criticándola, y a veces con razón, siguen reduciendo la intersexualidad a una condición, a una economía del sufrimiento, a una alegoría. Más allá de todos esos errores, yo creo que la película acierta al introducir la pregunta por una experiencia intersex del cuerpo -ni medicalizada, ni sufriente, ni alegórica. Coincido con la spectatrice: algo en lo que l*s argentin*s, en general, no pueden ni siquiera pensar.

  9. No le creo a la película.
    Por sus diálogos redundantes, su puesta en escena fríamente calculada, su ingenuo maniqueísmo ideológico, su irreverencia políticamente correcta.
    Pero bueno, yo estoy hablando de cine, no de hermafroditismo.
    Saludos.

  10. Hernán, te recomiendo releas las demás intervenciones. Exceptuando el aviso de Sergio y las aclaraciones de Quintín, por tratar otros temas nadie deja de hablar de cine.
    Saludos.

  11. Comparto con la spectatrice el analisis de la pelicula y la indignacion por el texto de quintin. La pelicula es interesante; si no lo fuera no causaria tanto debate. Me parece que el maniqueismo esta mas del lado de ciertos espectadores que de la pelicula en si. Creo que hay que ver un poco mas alla de ciertos recursos narrativos empleados por lucia puenzo.
    Tambien me parece muy interesante el aporte de mauro. Me llama la atencion que tanto aca como en la lectora provisoria se descalifique a quienes dan su opinion desde su condicion de intersexuales. Como si se pudiera hablar exclusivamente de cine y dejar de lado los temas que el cine trata.
    Tambien me llama la atencion que quienes puedan sentirse más afectad*s por la pelicula, precisamente porque la película trata su problematica, le reconozcan virtudes. Da para pensar que Puenzo algo bueno habra hecho, y no me refiero a la correccion politica que tanto se empeña en señalar hernan.
    Disfruto mucho del cine; veo mas o menos de todo, y siempre trato de rescatar algo positivo de los films que veo. Lo que realmente no soporto es la critica “egolatra” (definicion exacta), por muchos sobrevalorada, que confunde sentido critico con petulante mala leche.
    Saludos.

  12. Después de leer este interesante debate estoy impaciente por conseguir la película y verla.
    Creo que es muy rescatable el solo hecho de poner sobre el tapete ciertos temas que para algunos siguen siendo tabú, con lo cual se causa un sufrimiento (innecesario a esta altura de la humanidad y claramente injusto) a quienes lo viven en carne propia.
    Y coincido con que hablar de cine es hablar de la vida. ¿Cómo separarlo? ¿Cómo separar el arte de aquello que refleja/analiza/recrea?
    Saludos.

  13. Hernán, me podrías explicar en qué consiste el maniqueísmo del que hablás?
    Tanto la posición de quienes parecen estar a favor de una intervención “normalizadora” como de quienes se oponen a esa intervención en nombre de un cierto “derecho a la decisión” son desgastadas por la posición de la propia protagonista. Allí donde la madre, el cirujano y su esposa ansían la construcción de una femineidad posible en términos corporales, el padre y el hombre intersex con el que éste se encuentra ansían una “libertad de decisión” que no deja de situarse de lado de lo masculino. Para el personaje del padre, sobre todo, la libertad de elección y el derecho a ejercerla se inscriben en una disyunción: o bien Alex elegirá ser una mujer, y se operará, o elegirá ser un hombre, y no se operará, o se operará de otra cosa, llegado el caso. Sin embargo, cuando el personaje de Alex le responde a su padre diciendo “a lo mejor no hay nada que elegir” esa respuesta no sólo estalla la opción maniquea, inscribiendo su cuerpo como una realidad que no precisa de una decisión para existir, algo que “es” aunque no sea ni femenino ni masculino, sino algo más; también contamina el ideal de la libertad y el derecho a elegir: a lo mejor no hay nada que elegir, si ser intersex equivale, como muestra toda la película, a no tener lugar, ni posibilidad.
    No sé cuál es tu relación con los movimientos políticos que trabajan sobre cuestiones de identidad y expresión de género; la cuestión de la autonomía decisional es uno de los temas centrales de sus agendas, y no solamente en el sentido maniqueo que vos denunciás, encarnado en los personajes adultos de la película, sino también en el de la construcción efectiva de la decisión autónoma -algo qué, en el presente estado de cosas, sigue siendo una promesa muy difícil de cumplir. Para una cultura donde si sos intersex eso equivale, basicamente, a que sos una persona con una condición médica que sufre porque no es ni hombre ni mujer, y cuyo maximo derecho es el de elegir si se es hombre o mujer con un cuerpo promedio, y cuyas representaciones visuales no salen nunca de las que ofrecen los manuales médicos, la película se juega por la erotización de un cuerpo impensable y por la burla a la corrección política que nos ofrece o bien una bandeja con dos opciones o bien la nada. Quizás el problema de la directora sea haber introducido estas cuestiones en un contexto que no está preparado para ironizar sobre sus propios mitos fundacionales -como el de la diferencia sexual.

  14. Mauro Cabral, es muy interesante todo lo que decís, y sinceramente comparto muchas de las ideas que manejás, pero es evidente que tanto tu participación en éste como en otros foros se apoya en una serie de argumentos que poco se refieren a la película en sí, por fuera de su contenido temático, sus diálogos finales (“a lo mejor no hay nada que elegir”) y sus intenciones bondadosas. Porque por supuesto que la película nos dice hacia el final No-Es-Necesario-Elegir con bombos y platillos, pero la construcción a nivel formal y narrativo que durante una hora y media hace para llegar a semejante idea final se basa en una construcción a trazo grueso de personajes que son manipulados de manera arbitraria (ejempo de esto es Álvaro, que no pincha ni corta, que hasta le rompen el culo de la nada y nunca sabemos si quiera que le pasa por la cabeza, o el personaje de Carolina Pelleritti, que es una figurita con cara agradable que sólo tiene la función de apaciguar las intenciones diabólicas de su marido, el malvado cirujano mutilador de cuerpos inocentes).
    Yo creo, por ejemplo, que eXistenZ (David Cronenberg, 1999) habla mucho más y mejor de la interesexualidad y el hermafroditismo (el goce pasa por una suerte de pequeño apéndice amorfo unido al cuerpo por un cordon umbilical) que la película de Lucía Puenzo. ¿Por qué? Porque no es declamativa, explícita ni ingenua. Y quizás porque, como pensaba Borges acerca de la ausencia de camellos en el Corán, la fuerza de una idea resulta mayor cuanto más transparentes son las marcas de toda su elaboración.

  15. Bueno… yo creo que la lógica con la que cada cual se enfrenta a un relato cinematográfico varía de persona a persona. Quizás a vos te parezca que un pequeño apéndice amorfo unido al cordón umbilical hable mejor del placer intersex que el cuerpo ficcional de Alex en XXY. Y quizás hasta lo haga. Pero también es posible que para tod*s aquell*s espectador*s que son hombres y mujeres resulte más potable ese goce (que, en definitiva, aparece pero es imposible) que el goce intersex (que, después de todo, es más bien posible). No estoy diciendo que no haya forma de discernir entre un buen o un mal guión, sólo que de vez en cuando vale la pena poner bajo sospecha la propia comodidad frente a una cierta representación. Por ejemplo: hace un tiempo atrás conversaba con un periodista de Buenos Aires que deseaba colocar orquídeas como foto de tapa de un informe sobre intersexualidad. Según él, las orquídeas no solo representaban los dos sexos de las personas intersex, sino también su belleza. Para él, esa era la mejor manera de representarnos; para mí, esa era la mejor manera de reproducir la fantasía hipernaturalista donde nuestros cuerpos son inscriptos (y la película abunda en esa fantasía), la pasividad de quien ocupa eternamente la posición de paciente, y la irrepresentabilidad de aquello que se supone hermoso pero que nadie muestra. A él quizás también le parecería, como a vos, que un apéndice amorfo es un modo más sofisticado de hablar del placer intersex, pero la operación -visual, narrativa- sigue siendo la misma: de “eso” no se habla, “eso” no se muestra… Vos dirás que la película peca de literalidad, pero si mirás a tu alrededor verás que en nuestra cultura no hay ninguna, pero NINGUNA representación de cuerpos intersex -que no sea alegoría, metáfora, alusión, etc. Quizás el fantasma resulte demasiado conocido, pero no deja, por eso, de ser un fantasma.

    No creo que la película tenga intenciones bondadosas. Para casi todas las personas intersex que conozco la película es un espanto, porque se permite ficcionalizar con aquello que no se juega: nuestros cuerpos. Yo creo que esa ironía es lo mejor que puede pasarnos, pero en fin. El lugar donde la directora pone al personaje de Alex no es el lugar políticamente correcto de la libertad de elección. La pone al borde de un abismo (no hay NADA que elegir, y eso significa, entre otras cosas, que cualquier elección se sostendrá en eso: en nada). Nadie políticamente correcto pone a alguien adolescente en ese lugar -el cual, siendo 20 años más grande que el personaje de Alex, es también el mío. La película visibiliza aquello de lo que nadie quiere saber: padres, madres y médic*s discutiendo hasta el hartazgo no solo qué vamos a ser, sino también quién nos va a desear, con quién, y usando qué, es que vamos a coger, si es que cogemos con alguien, si es que alguien nos coge (“lleve carne intersex para cenar”, decimos mis amig*s y yo, a ver qué resulta). Es muy divertido para mí (cuando no triste) que aquello que se tacha de más irreal en la película sea, paradojicamente, lo más real de las experiencias intersex: nuestr*s padres y madres hablando hasta el hartazgo de nuestros huecos y “apéndices”. Cuando era adolescente un cirujano dibujaba para mí distintas posibilidades genitales que yo podía tener, si quería, y me explicaba “con esto podrías sentirte bien cogida, si fueras una chica, y con esto le podrías romper el culo a alguien, si fueras un chico”, etc(tengo guardados los dibujitos). Estoy seguro de que el día que mi vida sea contada por una película de martes a la mañana por Hallmark channel esa escena será, quizás, la más irreal de todas.

    No creo que el personaje de Pellereti sea lo que vos decís. Creo que en una película donde la inadecuación de los cuerpos es puesta en juego todo el tiempo su presencia viene a instalar el tópico de la perfección posible. Y si bien comparto algunas de las críticas que se han hecho al personaje del cirujano -y habiendo convivido con cirujanos más de la mitad de mi vida- creo que a pesar de todo el guión acierta en hacerlo hacer lo que l*s cirujan*s hacen: tajos y suturas. Si ese cirujano le hubiera respondido a su hijo con una blandura no quirúrgica, yo no le hubiera creído. No porque tod*s l*s cirujan*s sean monstruos, sino porque para much*s de ell*s la precisión en el corte es su “estilo de la piedad” (W. of Baskerville dixit)

    Sé que lo que te digo puede seguirte pareciendo poco cinematográfico; sin embargo, a mí me parece que más allá de los errores que Puenzo puede haber cometido, en la denostación de la película hay una insistente esperanza de que las cosas no sean así, que la película sea solamente una historia mal contada, hiperbólica, estereotipada.

    pd: los cuerpos nunca son inocentes.

  16. Ups, espero que la ironía de “cuerpos inocentes” no sea la única que no se haya entendido de mi comentario anterior.
    No creo que lo que digas sea poco o muy cinematográfico, lo que sí me parece es que frente a este tipo de películas se tiende a diluir el límite entre los valores que puede (o no) tener el film y el tema del que habla, a nivel de contenido. Es como, en un ejemplo inversamente proporcional, uno se pusiera a denostar con petulancia El triunfo de la voluntad (Leni Riefenstahl, 1935) por su explícita propaganda nazi, evitando un ejercicio más complejo del pensamiento para analizar sus procedimientos formales.
    De todas formas, muy enriquecedora la charla.

    Saludos.

  17. Hernán, yo entendí tu ironía, pero no creo que la película se la merezca, porque el cuerpo de Alex es todo lo opuesto a un cuerpo inocente; y creo que esa construcción también es un acierto, porque hace imposible el maniqueísmo que vos criticás. No se trata, para mí, de mutilar o de salvar un cuerpo inocente, sino de conjurar de alguna manera (quirúrgica o “electiva”) el asedio de un cuerpo perverso. M

  18. Me pareció interesante el tema . Fui a verla y me aburrí con todas las letras. Quizá mi nivel intelectual no se corresponde con la película. No es lenta es aburrida. Me gustó la fotografía , la actuación de los adolescentes. Punto.

  19. VENGO DE VER LA PELICULA: quede impresionada, de ver el crecimiento del cine Argentino. Es un tema cruel, duro existente
    y tapado, por falta de madurasion y conocimiento.
    Me quede con ganas de saber mas sobre el tema tratado asi es
    que bajé material en mi casa, para interpretar más el drama de
    la pelicula. Aclaro que tengo conocidos que estan pasando por
    un proceso dimilar.De allí mi interes sobre la traba del film, muy bien interpretado por todo el elenco,sobre todo por los adolecen
    tes.Bravo adelante Sta.Puenzo, una abuela ” amiga” y admiradora
    22.jUANITA – jUNIO 30, 2007

  20. Hernan, te sugiero que releas los posts porque hay un punto importante que hace Ezequiel y vos no terminas de tomar.

    Al margen, dos cositas.

    Una, comparar el cine de Cronenberg con el de Lucia Puenzo es ridículo, y más si es para cuestionar a la operaprimista.

    Otra, tanto en en tu comentario cómo en el blog de Quintín observo falta de rigor y hasta de comprensión. Un ejemplo, cuestionas la pasividad del personaje de Perelleti diciendo que solo funciona como “apaciguador de su marido mutilador”, yo no comparto. Creo que el personaje hace un arco, arranca obedeciendo y termina ordenandole a su marido que vaya a buscar al pibe porque se vuelven. Por otro lado el lugar obediente, por esquematico que sea, es funcional al funcionalmento de esa familia y al peso que necesita el antagonista de Darín. En cuanto a Alvaro, yo tuve bastante claro a lo largo de la película lo que le pasa al muchacho por la cabeza y creo que tiene un lugar muy claro en la historia. De hecho creo que su personaje es uno de los más ricos en la trama y comparto con la spectatrice en que Piroyansky sale airoso.

  21. Me pasé media hora escribiendo una opinión sobre XXY distinta a la de Tontín, la colgue en su blog de La lectora Provisoria y me la CENSURÓ ¿porqué Quintín?
    Estoy re caliente, más que nada porque me ocupe de ser respetuoso y de no decir francamente que Tontín es un reverendo hijo de puta.

  22. Tontín colga mi post, no seas asi. Si querés tachale las partes que no te gusten, ponele XXXXXXXXXY.

  23. Pido disculpás por traer mis problemas en otro blog a este foro tanto más lúcido. Sin embargo observo que hay una relación de vasos comunicantes entre ambos y noto que Tontín tambien visita este, por eso cuelgo la respuesta a uno de los comentarios que me censuró anoche.

    ah..antes que nada, perdoname Tontín por lo de “reverendo hijo de puto”, ahí me ganó la calentura y perdí la linea. Estoy seguro que alguien tan apasionado como vos (y Flavia) sabra comprender.

    va el comentario candidato a “proxima censura” en la lectora provisoria:

    “Ayer colgue un comentario muy ubicado pero contrario a la tendencia de este blog y fui censurado, cuando volví a colgar uno pidiendo explicaciones tambien me censuraste.
    Me parece una actitud cobarde la de impedir que existan voces opuestas dentro de este espacio, y absolutamente autoritario el censurar sin explicar. Porque de última si me decís qué fue lo que te molestó lo saco o lo modero yo.

    Sos tan tajante en tus comentarios que uno esperaría poder responder opinando distinto y debatir. Pero no, sos solamente bravucón.

    Intento repasar los puntos de mi anterior misiva brevemente para ver si alguien me cuenta que es lo que no corresponde.

    1) La película XXY por imperfecta que resulte, ha cosechado elogios en la crítica, festivales y el publico no sólo de Argentina (en dónde entiendo que araña los 100 mil espectadores en tres fines de semana demostrando un buen boca a boca). Es decir, la misma imperfección que puede contarse con el desprecio y mala leche, tambien puede ser un comentario nutritivo sobre lo que esta joven y muy prometedora realizadora debería tener en cuenta para su próximo (y esperado) proyecto.

    2) El ataque final con el que arremetés contra el elenco tratandolos de putas, diciendo que “No solo son útiles como atracción para la taquilla, sobre todo son gente curtida: son capaces de hacer pasar por su cuerpo los diálogos más viles y diluir con el glamour de su prestigio la humillación de servir por dinero a esos parlamentos.” es una ofensa grave que además de dejar en claro que tu crítica no es respetuosa (cosa que tus acólitos sostienen en el blog) linda con el absurdo, ¿vos crees que un tipo cómo Darín entra en una película de este tamaño para hecer negocio? yo creo que gana más laburando en España o en películas más grandes. Pero al margen pregunto, ¿qué autoridad moral tenés para plantear algo asi cuando te rajaron del festival de Buenos Aires por hacer tu propio negocio con recursos públicos?

    3) El blog no es respetuoso, hay agreciones y calumnias, hay incluso un muchachito (tripteam) que comenta muy impunemente que los premios de cannes fueron comprados ¿a vos te parece decir semejante tontería? y vos, que ejercés el instrumento de la censura, lo abalás al dejarlo ahí. Claro, lo abalás cobardemente, no lo decís, dejas que lo diga otro. Ahora yo pregunto, y disculpas por ser meterle un poco de razón al asunto. ¿Cómo puede ser que una película de presupuesto moderado para el promedio en cannes pueda comprar algo que todos quieren? Si el premio estuviera a la venta ¿no sería más razonable que lo compre un film europeo, yanki u oriental? Considero una auténtica canallada el hecho de que cuelgues eso Quintín.

    4) la foto de esta chica Flavia es pesima desde todo punto de vista. Dice poco y dice mal. No tiene poetica, ni clima, ni movimiento, está mal expuesta y pesimamente encuadrada. Es pobre cómo foto y es pobre el editor que la incorpora a su crítica. Habla de la poca rigurosidad con la que haces esas críticas que exigen rigor.

    5) Me resulta impertinente (y desagradable) que te refieras tantas veces a Luis Puenzo en la crítica al film de Lucía. Hasta dónde tengo entendido su labor fue la de productor y el film está impecablemente producido. Cualquier otra alusión a él, es decir cualquier comentario que no se refiera a él cómo productor, esta fuera de lugar. Además exponde lo que subyace en toda tu nota, quizas incluso la razón de tu mala leche. La relación filial entre ambos realizadores.

    6) Me parece una aproximación poco profesional en el peor de los sentidos.

    Por cierto, si bien me encantaría poder participar de este blog, tambien voy a colgar este comentario en otros referidos al mismo tema ya que en este la libertad de opinión es relativa (a la opinión que uno tenga).

    beso a Flavia.”

    Gracias Spectarice por darme asilo poítico.

  24. Lamentablemente llego muy tarde a este debate porque, como pasa con muchas películas argentinas, XXY recién llega a las salas cordobesas.
    Vengo de verla y en la sala pasó algo que me llamó mucho la atención. Durante la escena en la que Álex y Álvaro tienen relaciones, una pareja de unos 50 años se levantó y se fue con claros gestos de indignación.
    Personalmente creo que cada uno tiene el derecho de terminar o no de ver algo que lo puede afectar emocionalmente, pero también creo que el hecho habla mucho de lo cerrado que somos en Argentina para debatir estos temas.

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