V, invasión extraterrestre

V, invasión extraterrestreLa onda televisiva retro vuelve a apoderarse de Espectadores, esta vez con otro programa de ciencia ficción: V, invasión extraterrestre. En honor a la verdad, sospecho que -de haber tenido 34 años a principios de los ochenta y de haber pensado como pienso ahora- la serie me habría irritado por más de un motivo. De ahí la siguiente aclaración: este post se basa en recuerdos y sensaciones de aquel «otro yo» detenido en el tiempo, fiel a la inocencia de una incipiente pubertad.

Pocas veces vi una malvada tan malvada como Diana. El personaje interpretado por Jane Badler desconocía los escrúpulos, mucho menos la piedad. Por si fuera necesario subrayar su condición revulsiva, la capitana alienígena tenía la maldita costumbre de aprovechar la cámara para engullir, delante de nuestra atónita mirada, lauchas, ratones, cobayos y demás alimañas dignas del rechazo más visceral.

Morocha y un tanto chueca, la tocaya de Lady D personificaba una maldad implacable e incorruptible. En términos de contundencia, les llevaba cuerpos de ventaja a las rubias, buenas e insulzas de Juliet y Elizabeth. Quizás por eso -asumámoslo de una vez- en algún momento hizo tambalear al héroe por antonomasia, Mike Donovan.

Del lado del Bien, también luchaba Kyle, joven osado, aguerrido, enfrentado a su padre, un ambicioso empresario farmacéutico «colaboracionista» de los lagartos. Imposible olvidar tan particular adaptación del conflicto edípico.

Entre los invasores excepcionales, se destacaba el buenazo de Willie, que no sólo quería a los terrícolas, sino que estaba dispuesto a convivir pacíficamente con toda la Humanidad. ¿Quién encarnaba a este personaje pro-tolerancia y anti-discriminación? ¡El mismísimo Robert Pesadilla Englund! (Que conste: primero fue Willie; después Freddy Krueger).

Como todo relato futurista, V admitió una lectura político-social. Por ejemplo, el hecho de que los extraterrestres coparan la Tierra para vaciar ríos y lagos distaba de ser un detalle casual. Debe tenerse en cuenta que, ya en aquel entonces, científicos y ambientalistas alertaban sobre el problema del agua.

Por otra parte, la serie explotaba el miedo yankee por antonomasia: el de la invasión. Y no una invasión cualquiera, sino la invasión de un otro desconocido, totalmente distinto, camuflado pero a todas luces endiablado. ¿Recuerdan que el traje militar de los lagartos se parecía bastante al uniforme nazi?

En los años ’80 V, invasión extraterrestre causó furor, especialmente entre los televidentes fanáticos de la ciencia ficción. De ahí este homenaje que, aunque tardío, compensa casi 25 años de silenciosa y nostálgica fascinación.